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Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 80

La pareja se acercó a toda prisa y exclamó:

—¡Rápido, es él!

Señalaron a Emir.

El hombre del traje asintió y se acercó de manera enérgica a él.

—Hola, señor. Soy Diego Lima, presidente de la sucursal de Distrito de Jade de la Cámara de Comercio de Cananea. ¿Puedo hacerle dos preguntas?

Los dos agentes vestidos de civiles se colocaron a ambos lados de Emir, listos para impedir cualquier intento de fuga, pero él no tenía intención de huir y respondió con calma:

—Adelante.

Diego preguntó:

—Señor, escuché decir a esta pareja que usted posee una tarjeta VIP Suprema de nuestra organización. ¿Es eso correcto?

Emir asintió.

—Si no le importa, ¿podría enseñarme la tarjeta VIP? —preguntó Diego.

—Siéntase libre de echar un vistazo —respondió Emir.

A continuación, le entregó la tarjeta negra. Diego la examinó con detenimiento antes de asentir a los dos agentes que estaban a su lado.

—Es auténtica. Es una de nuestras tarjetas VIP Supremas. No se expidieron más de veinte en Distrito de Jade. —Entonces preguntó—: Señor, ¿puedo saber su nombre?

—Emir Luna.

—Emir Luna… —Diego abrió su laptop y tecleó el nombre del hombre. Pero el resultado no mostró ninguna coincidencia. De inmediato intercambió una mirada con los dos agentes que estaban a su lado.

Uno de los agentes presentó con rapidez su identificación y dijo con severidad:

—Somos de la policía de Distrito de Jade. Sospechamos que está implicado en un robo ocurrido hace medio mes. Por favor, coopere con nuestra investigación.

Solo entonces Emir se dio cuenta de que lo habían confundido con un ladrón. No esperaba que una tarjeta negra causara tantos problemas.

La pareja no pudo contener su emoción al ver cómo se desarrollaba la escena.

Ahora era evidente que este hombre era en verdad un ladrón. La oportunidad de hacerse con más de un millón estaba al alcance de la mano, y no pudieron evitar sentirse eufóricos.

Pero no pudieron evitar pensar en lo tonto que era el ladrón. No solo no pudo ocultar los bienes robados, sino que se atrevió a alardear de sus acciones de manera tan abierta. No podían comprender lo que pasaba por su cabeza.

Emir dijo con impotencia:

—Oficiales, me gustaría cooperar con ustedes, pero, por desgracia, hoy no es posible.

«¿Rey de Río Sur?».

Todos se quedaron boquiabiertos.

La mujer dejó de reírse. Pero pronto se burló y replicó:

—¿Qué clase de broma es ésa? El Rey del Río Sur es una figura prominente. ¿Cómo es posible que te conozca?

Miró a Emir de pies a cabeza, con cara de incredulidad.

Los demás tampoco estaban convencidos. Pero, tras ver la expresión seria de Emir, Diego decidió pecar de precavido y llamó a Óscar para que se lo aclarara.

Tras encontrar la información de contacto de éste en la base de datos de clientes importantes, Diego lo llamó.

—Hola, señor Landeta. Soy Diego Lima de la Cámara de Comercio de Cananea. ¿Puedo preguntarle si tiene su tarjeta VIP Suprema con usted?

—Se la di a otra persona. ¿Hay algún problema?

—¿Se la dio a alguien? —El corazón de Diego dio un vuelco al continuar—: ¿Puedo preguntar si la persona a la que se la dio se llama Emir Luna?

—Eso es correcto. ¡Maldita sea! ¿Has ofendido al señor Luna? Déjame advertirte, Diego, si te atreves a ofender al señor Luna, mañana transferiré todo el dinero que tengo en la Cámara de Comercio de Cananea. ¡¿Cómo te atreves a ofenderlo?! ¿Te has cansado de vivir?

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