Lionel dejó escapar un suspiro de alivio en silencio, creyendo haberla tranquilizado, y le habló con voz suave.
—Te prometo que este regalo no te va a decepcionar.
Camila murmuró un asentimiento y, con aparente desinterés, le preguntó:
—Entonces dime, Lionel, ¿cuánto tiempo exactamente tendré que esperar?
Él frunció el ceño y respondió con cautela.
—Resolveré los asuntos con la familia Aragón lo más rápido posible.
Camila arqueó una ceja, manteniendo su tono inalterable y distante.
—Más te vale que te des prisa. No estoy segura de tener la paciencia para esperarte tanto tiempo.
Sin darle oportunidad de replicar, cortó la llamada.
Al otro lado de la línea, Lionel se quedó mirando la pantalla, desconcertado. Una sombra de confusión cruzó por su mirada.
Por la voz de Camila, no parecía estar furiosa, pero esa actitud fría y altiva lo desconcertaba por completo.
Se frotó las sienes con frustración, convencido de que ella estaba siendo caprichosa y que solo buscaba castigarlo.
Él estaba haciendo lo imposible, moviendo hilos y enfrentando batallas internas, todo para poder estar a su lado lo antes posible.
Tan pronto como terminara de afianzar su poder, tenía planeado declararle su amor al mundo entero, proponerle matrimonio y asegurarse de que estuvieran juntos para siempre.
Él sabía mejor que nadie que eso era lo que Camila había soñado durante años.
Y a pesar de haberle dejado claras sus intenciones de forma sutil, ella seguía tratándolo con esa indiferencia gélida.
De repente, Lionel sintió que ya no sabía cómo manejar a la mujer que amaba.
***
En su departamento, la mirada de Camila estaba vacía. Se dejó caer en el sofá, agotada, deslizó el dedo por la pantalla de su teléfono viendo otra noticia sobre el compromiso y se frotó las sienes.
¿Una sorpresa cuando terminara con los asuntos de la familia Aragón?
Esbozó una sonrisa cargada de amargura.

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