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—¿En serio te dijo eso?
Ximena no pudo esperar ni un segundo más y se presentó en la Corporación Áurea justo al mediodía. Después de escuchar toda la historia, no pudo evitar exclamar:
—¡Estuviste detrás de Walter nueve años sin conseguir nada, y con Mariano apenas en el segundo día ya van a vivir juntos y conocer a su familia!
Dafna estuvo a punto de ahogarse con un sorbo de café.
Tosió con fuerza hasta que su rostro se puso rojo. Ximena le alcanzó unas servilletas.
—Mírate nomás. Si eres tan tímida, ¡¿cómo te atreviste a casarte con Mariano?! Y no me vayas a decir que piensas tener un amor platónico con él... ¡eso sería un desperdicio total!
—¡Baja la voz!
Angustiada, Dafna le tapó la boca a Ximena y susurró:
—Solo es un matrimonio por contrato, no vamos a llegar a eso.
—¡¿Y por qué no?! ¿Quién dice que los matrimonios por contrato no pueden tener un poco de acción? ¡Tienen que hacerlo, y mucho!
Ximena entrecerró los ojos con picardía, se dio la vuelta y le entregó misteriosamente una bolsa de papel rosa y negro.
—Toma, tu regalo de bodas.
—¿Qué es esto?
Dafna intentó abrirla, pero Ximena la detuvo.
—No. Ábrelo cuando ya estés viviendo con Mariano.
Llevando consigo el regalo de Ximena, regresó al edificio de la Corporación Áurea.
Apenas entró al vestíbulo, se encontró con el vicepresidente Raúl Rivas. Era uno de los accionistas de la Corporación Áurea, amigo de Walter desde que estudiaban en el extranjero. Nunca había sido amable con Dafna; siempre que podía, sugería discretamente que ella debía abandonar la empresa.
Raúl se fijó en la bolsa que Dafna llevaba y su rostro se ensombreció.
—Dafna, aunque te hayas casado con Walter y seas la esposa del jefe, tienes que seguir las reglas. ¿Salir de compras en horario laboral? ¿Qué van a pensar los demás empleados?
Antes, Dafna habría intentado agradarle a todos por el bien de Walter. Incluso si notaba la maldad, respondía con una sonrisa. Pero a partir de ahora, ya no aguantaría ningún tipo de maltrato.
Raúl, con el contrato en mano, caminó lentamente hacia los ventanales. En invierno, los días eran cortos y las noches largas; apenas eran las seis y el cielo ya se había oscurecido, devorando la poca luz que quedaba.
La Corporación Áurea estaba ubicada en el corazón del distrito financiero de Río Mar. Los imponentes edificios de oficinas estaban iluminados como si fuera de día, y las gigantescas pantallas publicitarias del edificio de enfrente no dejaban de cambiar de colores, creando un espectáculo deslumbrante.
Mientras esperaba que Walter contestara la llamada, Raúl bajó la mirada. Desde su ventana, vio a Dafna salir del edificio y acercarse a un llamativo automóvil plateado.
Un hombre le abrió la puerta y, con mucha caballerosidad, levantó la mano para protegerla al entrar, en un gesto cargado de intimidad.
Cerró la puerta.
El hombre se dio la vuelta para ir al lado del conductor, y su inconfundible perfil quedó al descubierto. Raúl lo reconoció al instante: era Mariano Torres, el mayor enemigo de Walter y de la Corporación Áurea.
¿Qué hacía Dafna con él?
Justo cuando el auto arrancaba, la llamada fue contestada.
Sin perder un segundo, Raúl soltó una carcajada irónica y lo apresuró:
—Walter, regresa de inmediato. ¡Tenemos un problema!

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