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Humillada por ti, amada por tu enemigo romance Capítulo 8

—No es molestia, señora. Es mi deber.

Señora.

Qué título tan extraño.

A las nueve y media en punto, Dafna llegó a las oficinas de la Corporación Áurea.

Apenas salió del ascensor, se quedó congelada al escuchar el estruendo de unos cañones de confeti. Las tiras de colores caían a su alrededor mientras un grupo de compañeros del departamento la rodeaba y gritaba al unísono:

—¡Dafna, felicidades por la boda!

Las serpentinas le cayeron en la cabeza y sobre los hombros.

Eran felicitaciones por haberse convertido oficialmente en la esposa de Walter; en ese momento, la situación resultaba increíblemente irónica.

En la Corporación Áurea, desde los altos mandos hasta el guardia de seguridad y la señora de la limpieza, todos sabían que Dafna era la prometida de Walter. Sabían que llevaban años juntos y que ayer había sido el día de firmar el acta matrimonial. Por eso, desde temprano, se habían reunido para desearle buena suerte.

Dafna inclinó la cabeza y se quitó las serpentinas de los hombros. Levantó la vista y al ver los rostros llenos de expectativa de sus compañeros, no quiso arruinar el ambiente.

—Gracias a todos. Más tarde pediré que traigan dulces para celebrar.

—¡Qué generosa, Dafna!

—¿Cuándo es la fiesta de la boda? ¡Todos queremos brindar por ustedes!

—¿Y el señor Zavala? ¿Por qué no vino contigo?

Walter...

A esa hora, probablemente seguía cuidando a Clara.

Dafna no tenía ganas de explicarle a cada uno que su esposo no era Walter. Además, en una empresa los chismes corrían como la pólvora; si se enteraban de que se había casado con Mariano Torres, en menos de media hora habría cientos de versiones distintas del escándalo.

No quería ser el centro del huracán.

—Estaba ocupado con unos asuntos —respondió Dafna de forma evasiva—. Bueno, gracias por las felicitaciones, todos a trabajar.

Abriéndose paso entre la multitud, volvió en silencio a su oficina, cerró la puerta y abrió una aplicación de comida a domicilio para escoger los dulces.

La multitud se dispersó.

Al confirmar que Dafna no actuaba de forma extraña, Óscar, el asistente de Walter, se apartó a un rincón para informarle:

—Señor Zavala, la señorita Cordero se ve muy bien. Incluso dijo que invitaría dulces a todos en la oficina.

—¿En serio?

—Totalmente cierto.

Walter frunció ligeramente el ceño; sentía que algo no cuadraba. Sin embargo, la actitud de Dafna parecía más bien la de alguien que se adelanta a los hechos: al repartir los dulces y mantener la mentira de su boda frente a todos, él no tendría más remedio que casarse con ella a su regreso.

Realmente estaba desesperada, igual que hace nueve años.

Capítulo 8 1

Capítulo 8 2

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