TOMO 3. CAPÍTULO 103. Una opción perfecta para mí.
Logan
Ocho meses. ¡Ocho miserables meses más han pasado desde que todo comenzó a desmoronarse!
Hace casi dos años, desde que desperté del cochino accidente, que mi vida es un completo martirio por una cosa o por otra; y cada día que pasa siento que estoy más cerca de perder la cordura. Liliana desapareció sin dejar rastro, como si el universo hubiera decidido borrar cualquier rastro de su existencia.
He contratado a seis investigadores privados hasta ahora, y todos, sin excepción, me dan el mismo reporte.
—Liliana Duque no existe, señor St. Jhon —me dice el último de ellos con una mezcla de lástima y exasperación—. He corrido esa foto que me dio en decenas de programas de reconocimiento facial, incluso algunos un poco ilegales, y no han dado ni un resultado, absolutamente nada. ¡Es como si esa mujer no existiera en este planeta!
—¡¿Y a quién me estaba follando yo entonces, carajo?! ¡¿A la versión femenina del fantasma Gasparín?! ¡Yo la vi! ¡La toqué! ¡Tuve hijos con ella! —le gruño, perdiendo el control por enésima vez hasta que la expresión del detective frente a mí me hace caer en cuenta de lo que acabo de decir.
Ni siquiera lo he dicho conscientemente, solo se me salió, quizás porque es a lo que más le tengo miedo, que esos niños hubieran sido míos.
El hombre suspira y saca una carpeta que me arroja sobre la mesa.
—No hay acta de nacimiento, licencia de conducir, ni certificados de estudios. No figura en ningún registro oficial y absolutamente todo sobre el caso desapareció. Es como si alguien hubiera ido deshaciendo cada pedazo de su existencia.
—¡Maldición! —grito, golpeando la mesa con el puño.
—Lo único que puedo decirle —continúa el investigador, nervioso—, es que alguien con mucha influencia hizo que desapareciera. Esto no es algo que un civil cualquiera pueda lograr.
Y eso ya lo sé, y me persigue todos los días, porque la porquería de conciencia que me queda me dice que quizás debí creerle, que quizás debí intuir, o al menos cuestionar lo que me dijeron. Porque la parte de mí que está a gusto torturándome me cuestiona si puede ser verdad, si podrían haberla inseminado sin que lo supiera, si podrían ser mis hijos, si quien la amenazaba podría haberla lastimado.
Para no volverme loco, decido cambiar de estrategia, y contrato a otro investigador para que averigüe de quién son ahora las tierras donde estaba la casa de Liliana. Estoy convencido de que esa propiedad tiene que darme alguna pista, Liliana parecía tener demasiado amor por ese lugar… pero solo es otra pregunta sin respuesta.
—Las tierras pertenecen a una corporación llamada BR Savage Tea —me informa días después.
—¿Qué demonios es eso? —pregunto, con el ceño fruncido.
—Es una empresa agrícola dedicada a la producción de té. No hemos podido rastrear quiénes son sus dueños, pero la sede está en algún lugar de Europa.
—¿Desde hace cuánto? —pregunto levantándome y el detective mira sus notas.
Vincent es el único que me soporta últimamente, aunque tampoco vive en la casa porque ¿Quién querría convivir con un matrimonio en desastre?
—Esto no puede seguir así, Logan —me dice y lo miro agotado, dejando los papeles sobre la mesa.
—¿Y qué sugieres que haga? ¿Qué me quede de brazos cruzados y acepte que nunca la voy a encontrar?
—No estoy diciendo eso —responde, y su tono es firme pero comprensivo—. Pero no puedes seguir viviendo como un fantasma. No comes, no duermes, y esa obsesión te está matando.
—¿Y qué quieres que haga, Vincent? ¡Todo lo que intento termina en un callejón sin salida!
—Pues entonces haz otra cosa, a otras gentes, ¡qué sé yo…! ¡Algo! —gruñe y después de pasarse la mano por la frente con frustración su rostro se ilumina—. ¿Sabes qué? ¡Tengo la opción perfecta para que te distraigas!
—No me quiero distraer.
—No te estoy dando opciones, imbécil. Así que tú decides, vienes a la fiesta o traigo la fiesta aquí. ¿Qué eliges?

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