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IMPERDONABLE romance Capítulo 127

TOMO 3. CAPÍTULO 127. Mis enemigos favoritos.

Liliana

Llegamos a casa y todo mi cuerpo se relaja en cuanto veo a mis hijos. Ellos se tambalean y gatean hacia mí, y por primera vez en días todo parece en calma. Me encanta que estén aprendido a caminar; me siento en el suelo para abrazarlos y los estrecho a los dos al mismo tiempo. Sus risas, esas risitas que solo los bebés pueden hacer, me llenan el pecho y me dicen que todo este sufrimiento vale la pena por ellos.

—Ma ma ma ma… —balbucea Brianna, y siento que se me derrite el corazón. Brennan la imita y se queda atorado en la “m”, arrastrando la letra como si estuviera probando cómo suena.

—Sí, mis amores, mamá está aquí —me río y el tiempo parece volar mientras juego con ellos, los mimo y disfruto de este momento hermoso que es ser su madre.

Paso todo el tiempo que puedo con ellos. Les leo cuentos —o intento, porque Brennan siempre quiere pasar las páginas antes y Brianna siempre quiere romperlas—, les doy de comer, les cambio los pañales y los duermo. Es como si, por un momento, con cada pequeña cosa, el mundo exterior desapareciera.

Por supuesto, Beri de vez en cuando viene a checar si necesito ayuda, y en cuanto los bebés se duermen, no tarda en aparecer con un par de copas de vino y una burla deliberada a la prescripción del médico de no tomar alcohol por un par de días.

Nos sentamos en el salón, me agrada verla con su impecable traje de lino y esa expresión suya de “tenemos cosas que discutir” mientras suspira dramáticamente.

—¿Cómo estás, mi tosca guerrera? ¿Te sientes mejor?

—Sí, Beri, no estoy inválida. Estoy bien.

—Qué bueno, porque además de beber me tienes que contar en detalle los chismes importantes —sentencia ella.

Me río y me acomodo en el sofá, porque sé que no puedo evadir la parte más escabrosa de los hechos.

—Derrick está muerto. —Lo digo sin ningún tipo de emoción, como si fuera un hecho más, como si estuviera diciendo que hoy hay sol. Es lo que es.

Y me sorprende que Beri asienta casi aliviada.

—Era obvio que iba a acabar así —rezonga—. Nadie lo amenazó para que hiciera lo que hizo. Era un codicioso de m****a que se fue aliando con el mejor postor según el momento. Lo único que lamento es que solo hayamos conocido al último.

—Lo sé —suspiro mientras bebo porque aunque presumo de saber toda la verdad, lo cierto es que solo soy dueña de una parte de ella. Sé quién le pagó a Derrick, quién se alió con Ryker para fabricar la mentira… Pero no sé quién fue el primer autor de todo, el que creó el plan con Ryker en primer lugar y le entregó el anillo de la madre de Logan, porque de algo estoy segura; Derrick era un seguidor, no un autor.

—Exacto. Todavía hay alguien dentro a quien hay que tirarle la máscara —murmuro.

Entonces, como si estuviera esperando el momento perfecto, Beri cambia el tema.

—No creo que tardes mucho en conseguirlo, el plan sigue un curso casi casi perfecto —sonríe—. Comenzando por el señor Braxton que evidentemente está desesperado por conseguir tu favor. Se dice que está preparando la mejor exhibición que se ha visto en años, nada menos que en el hipódromo del condado. Lo rentaron exclusivamente para impresionarte.

Me río un poco, sorprendida.

—¿A mí? ¿Qué hice para merecer tanto honor?

—Ser la que tiene el poder para ir contra el gobernador. Todo el mundo quiere hacerte ojitos ahora. Braxton no es la excepción.

—Supongo que luego usará su puesto para hacer pasar esa investigación como algo legal y atacarnos, ¿no? —me río con ironía—. Por algo la infeliz cobarde de su hija salió corriendo a esconderse bajo las faldas de su papi.

—Exacto.

Resoplo Beri, irritada.

—Pues que lo intente, pero eso no va a ser ahora. Ahora tenemos una semana para relajarnos antes de la exhibición, así que vamos a disfrutarla.

Y lo hacemos. O al menos yo lo intento. Paso los días en casa, trabajando un poco desde mi oficina personal mientras cuido de mis bebés. Arthur, por su parte, se encarga de las oficinas principales; y de cuando en cuando me reporta que Logan ha estado rondando por ahí.

Finalmente llega el día de la exhibición en el hipódromo. No me pongo demasiado elegante, después de todo tengo planeado sudar, así que cuando entro en pantalón vaquero, botas a las rodillas y una trenza al costado, todos se emocionan más de lo habitual.

No puedo negar que me sorprende que me reciban como si fuera una reina. Literalmente. Hay alfombra roja, aplausos y toda esa parafernalia que normalmente me parece ridícula, pero que hoy acepto con una sonrisa. Me llevan al mejor palco, mientras Braxton me cuenta todo lo que veremos, y yo le contesto con amabilidad.

—Pues mi colección ya está entrando en las caballerizas —le comento—. Hay algunos ejemplares que me encantaría mostrarles hoy.

Y entonces sucede.

La veo entrar, justo cuando estoy comenzando a relajarme: Carolina. Se ve impecable con un vestido de gala impresionante… y totalmente fuera de lugar. Avanza hasta Logan y puedo ver la contrariedad y la frustración en su rostro, como si su amada esposa fuera un obstáculo que no se hubiera preparado para sortear hoy.

—¡Oh… esta va a ser una gran exhibición! —susurro para mí misma.

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