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IMPERDONABLE romance Capítulo 142

TOMO 3. CAPÍTULO 142. Una demanda millonaria

Logan

Estoy aún intentando digerir todo lo que está pasando cuando veo que Liliana toca algo en su teléfono. De repente, el televisor al fondo de la sala de juntas se enciende, y el aire se vuelve pesado. Todos giramos la cabeza hacia la pantalla. Lo que aparece nos deja congelados.

Es una grabación de una cámara de seguridad. Reconozco el escenario al instante: Una cárcel, o mejor dicho: la enfermería de una cárcel, esa donde me dijeron que Liliana había estado en los últimos meses allí.

Hay dos figuras en el centro del video. Una es Liliana, con su embarazo avanzado acostada en una camilla… y la otra es Carolina.

El volumen sube y entiendo que esto es eso que no debía ser borrado.

“…Vine aquí porque no podía dejar pasar tu última ocurrencia… ¿Exigirle a Logan una prueba de paternidad? ¡¿En serio, maldit@ arrastrada?! ¡¿A tanto te atreviste?!” Se escucha su risa y es un sonido que honestamente da asco. “¿Qué te pasa, estúpida? ¿No fue suficiente con Ryker? ¿No tienes miedo de lo que pasará cuando se lleve a tus hijos?”

Veo el rostro de Liliana descomponerse en la pantalla.

“¿Cómo sabes lo que me dijo Ryker”? pregunta con angustia y yo pienso exactamente lo mismo. “¡¿Cómo sabes!? Tú… ¡¿Tú tuviste algo que ver con esto?! ¡¿Tú ayudaste a ese malnacido a incriminarme!?”

“Por favor, Liliana. ¿De verdad pensaste que podrías ganarme en este juego? ¿De verdad no lo sospechabas?” escupe Carolina. “Yo hice lo que tenía que hacer para recuperar al hombre de mi vida. Así que apenas vi la oportunidad con Ryker… bueno, él aceptó convertirse en mi aliado, por así decirlo”.

“Eres su cómplice…”

“¡Al fin! Exactamente como lo dices... aunque no me gustó mucho eso de que tratara de matar a Logan pero… bueno, cuestiones menores de intereses en conflicto que logramos resolver. Y gracias a eso, ahora estoy donde siempre debí estar: al lado de Logan”.

Miro la pantalla y sé que mi desesperación de ahora jamás será la misma desesperación de Liliana en aquel momento, pero ni siquiera imagino que pueda empeorar… hasta que lo hace.

“Ahora que Logan y yo vamos a casarnos, quiero dejar algo muy claro: ¡No voy a criar a unos hijos bastardos como los tuyos! ¡No voy a permitir que Logan los tenga!”

“No puedes…”

“Oh, sí puedo! ¡Y lo haré! Mira, Liliana, te lo pondré fácil: Más te vale que la prueba de paternidad sea negativa, o que entregues a esos mocosos en adopción antes de que Logan se acerque a ellos. ¡Porque si llegan a mi casa, te juro que me encargaré de que desaparezcan!”

Y de la boca de Liliana en el video sale lo mismo que están pensando todos los que vemos esto:

“¡Eres un monstruo!”

“Llámame lo que quieras, pero recuerda esto: los bebés recién nacidos son muy frágiles. Cualquier cosa podría pasarles. Un descuido, una ventana abierta en una noche fría… ¿Entiendes?”

Todos en la sala se giran para mirarla con ojos espantados, porque no pueden creer que la distinguida hija del comisionado haya hecho semejante amenaza de muerte.

“Estás advertida. Me voy a casar con Logan y nadie va a ser un obstáculo para eso. Mucho menos tus mocosos o tú”.

—¡No, si es que no se puede malentender lo que dijiste! —le digo, zarandeándola—. ¡Ryker fue quien trató de matarme, y solo pudo hacerse pasar por un infiltrado de la policía porque tú lo ayudaste! ¡Tú lo utilizaste para inculpar a Liliana…!

—¡Eso es mentira! —Carolina da un paso atrás, como si intentara alejarse de mis palabras.

—¡Y luego fuiste a amenazarla con matar a mis hijos! —le grito soltándola porque me da asco y ella trata de negarlo, de verdad trata pero ya nadie le cree.

Puedo verlo en las caras de los demás.

Incluso el gobernador parece haberse dado cuenta de lo que realmente está pasando aquí: Esto grita “corrupción” por todos lados, y no hay forma de esconderlo.

—¡Ella es una criminal! —grita Carolina por fin como un disco rayado que no convence a nadie—. ¡Debería estar en la cárcel!

Liliana sonríe, y es la sonrisa más peligrosa que he visto en mi vida.

—¿Ah, sí? —responde con una calma que hace que se me erice la piel—. Pues… señor gobernador, ¿cree que el ayuntamiento de la ciudad podría soportar la demanda millonaria que voy a presentarle por encarcelamiento injusto después de… semejante acto de corrupción ¡tan evidente!?

Las palabras caen como una bomba y todos ven al gobernador palidecer.

—¡Señora Valencia, le aseguro que me encargaré de esto! ¡Pondré a los culpables tras las rejas, se lo garantizo! —exclama sudando, pero cuando un segundo después se gira hacia Carolina, todos nos damos cuenta de que solo queda su sombra, y el eco inconfundible de su culpabilidad.

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