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IMPERDONABLE romance Capítulo 27

CAPÍTULO 27. La última vez

Liliana

No sé qué sentir cuando logan me mira, cuando me toca. Juro que todavía puedo sentir el calor de su cuerpo envolviéndome toda la noche. No es que confíe en él, porque sería estúpido hacerlo, pero hay momentos en los que casi parece… humano.

Lo veo sonreírme mientras le delineo la barba y mis ojos van sin querer a su boca. La recuerdo besándome, recuerdo el sabor de las fresas en su boca y siento que jamás volveré a saborearlas de la misma manera.

“De verdad tengo que estar muy jodida”, pienso porque sé que es un maldito ogro pero aun así, cuando estoy con él, me siento menos sola.

Lo observo durante la sesión de fisioterapia, viendo cómo aprieta los dientes con cada movimiento, cómo su cuerpo tenso lucha contra el dolor. Y aunque trato de mantenerme fuerte, algo dentro de mí se quiebra al verlo así. No importa lo que me haya hecho, no puedo soportar verlo sufrir, porque sé que ha pasado por muchas cosas que ni un ogro como él se merece.

Para cuando la sesión termina le pregunto al fisioterapeuta cómo puedo ayudarlo y su indiferencia es como una bofetada para mí. Me devuelve a los días en que mamá estaba en el hospital y esa misma desidia dominaba a sus médicos, como si los pobres enfermos no importaran.

Así que cuando me dice que se le tiene que pasar solo, es como si toda la frustración que no pude gritarle a los doctores de mamá se me saliera de una vez.

—¡”Se le tiene que pasar solo” un cuerno! ¿¡Cómo se lo quito!? —lo increpo y el fisio retrocede—. No lo van a dejar pasando dolor cuando hay todo tipo de medicamentos para eso. ¡Dele alguno!

El médico carraspea y me deja un frasco con pastillas que saca de su maletín.

—Masajes con agua caliente. Podría ayudar a relajar los músculos después de las sesiones —murmura antes de salir y cuando me giro Logan me está mirando como si me acabaran de crecer cuernos y una cola.

No digo nada, solo lo ayudo a volver a su silla y lo llevo a su habitación. Allí hay un jacuzzi, y en este momento eso es justo lo que necesita.

Lo hago tomarse un par de pastillas y murmuro un bajo:

—Se te va a pasar pronto, ya verás…

Logan no me responde de inmediato, pero cuando activo el grifo del jacuzzi y empieza a llenarse, me mira con un rastro de entendimiento.

—¿No trataron bien a tu mamá en mi hospital? —pregunta y contengo el aliento.

Por más que quisiera decirle la verdad no puedo permitir que investigue, porque eso lo llevaría directo a las pruebas que Ryker fabricó contra mí, y entonces sí estaría perdida.

—No quiero hablar de eso —le digo y parece respetarlo, o al menos eso espero.

Mientras tanto, se quita la camiseta con un movimiento preciso y como siempre yo trato de no mirarlo mucho. Su cuerpo sigue siendo fuerte a pesar de todo lo que ha pasado, cada músculo parece perfectamente diseñado, y es un poco difícil no notar lo atractivo que es.

Cuando se queda solo en bóxer, lo ayudo a meterse en el agua. Se hunde lentamente y suelta un suspiro largo, como si ese simple gesto le quitara un peso de encima.

—Eso es —murmuro—. Te va a hacer bien.

Logan cierra los ojos por un momento, y sus siguientes palabras me ponen nerviosa.

—¿Puedes masajear mi espalda?

Me sorprende lo tranquilo que suena. No es una orden, ni siquiera una petición exigente. Es solo eso, una simple pregunta; y eso hace mucho más difícil decirle que no. Espero que no esté pensando que me sacaré la ropa para entrar al agua…

—Nunca —respondo finalmente, mirando hacia otro lado—. No hubo tiempo.

Logan se da la vuelta completamente y sus ojos son oscuros, pero no hay hostilidad en ellos, solo curiosidad.

—¿En serio?

—No me digas que crees que tus habilidades están decayendo —murmuro cerrando los ojos.

—Exactamente eso estaba pensando. En eso y en cómo solucionarlo —dice con una media sonrisa antes de inclinarse hacia mí.

Sus labios me rozan despacio, como una invitación que espera que acepte… hasta que se desespera. Entonces su boca toma la mía como si simplemente tuviera derecho a ella, como si fuera suya, como si supiera que voy a responder. No hay agresividad, solo urgencia. Su mano sube despacio por mi brazo hasta mi cuello, y me estremezco.

Su cuerpo es demasiado cálido cuando me pega a él y por un momento, uno de mucha debilidad, me dejo llevar. No sé qué siento exactamente, pero es como si por primera vez en mucho tiempo estuviera a salvo.

—Logan… —susurro, pero él me silencia con otro beso, esta vez más profundo.

Sus manos se mueven con cuidado, desabrochando uno por uno los botones de mi vestido empapado. Sus dedos van abriendo, descubriendo, acariciando, pero cuando su mano roza la cicatriz que tengo en el abdomen, mis ojos se abren al instante.

Logan también lo nota. Mira la cicatriz por un momento, y luego levanta la vista hacia mí.

—Gracias por salvarme la vida —susurra, pero antes de que pueda besarme de nuevo, antes de que pueda responderle, los golpes en la puerta nos sobresaltan a los dos.

—¡Logan! —grita Vincent desde el otro lado—. Tienes visita.

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