CAPITULO 33. Una amenaza latente
Liliana.
No sé qué es, si su voz o esa forma que tiene de llamarme “Lili”, pero mi cuerpo me traiciona de la peor manera. Sé que debería resistirme, pero no lo consigo. Solo he estado con un hombre pocas veces, hace como dos años, y ni siquiera significó nada para mí, simplemente estaba en una época demasiado oscura de la enfermedad de mamá y quería sentir algo diferente.
…Pero con Logan todo es diferente. Así que culpo a mi inexperiencia o a lo que sea y me permito perderme en esos escasos minutos de placer que terminan con él abrazándome fuerte.
Ninguno de los dos dice nada, pero el resto del día lo paso más roja que una de mis fresas. Es como si cada vez que me mira, reviviera ese momento una y otra vez.
Sin embargo al tarde apenas está empezando cuando un bullicio inusual en la casa nos hace mirarnos uno al otro. Música, risas, y voces que no reconozco llenan el aire, y por la forma en que frunce el ceño, apuesto a que él tampoco.
—¿Qué demonios es eso? —gruñe con su mal humor natural y sale a la terraza, donde una multitud de jóvenes se aglomera, y no hay que ser adivino para saber quién es la responsable—. ¡Gemma! —le grita a su hermana con voz estentórea y ella se acerca—. ¡¿En serio organizaste una fiesta en mi casa sin avisarme?! —la increpa y ella cruza los brazos.
Gemma le lanza una mirada desafiante.
—¿Y desde cuándo te importa tanto lo que pasa aquí? Estás demasiado ocupado jugando a ser esposo con esa... campesina —sisea Gemma con tono venenoso.
Lo veo apretar los puños y respirar hondo, a punto de perder el control.
—Ella es mi mujer, Gemma. Y si no puedes respetarla, entonces te largas. ¿Entendido? ¡Tú y toda tu puñetera banda de idiotas! —Logan alza la voz y ella se pone colorada de la vergüenza.
—¡Haz el favor de no gritarme delante de la gente! —protesta.
—¡Pues mueve tu trasero al puto despacho para que te grite ahí, porque no me importa dónde, pero te voy a gritar! —espeta él y Gemma sale caminando delante de él.
Y por alguna razón que no entiende, de repente estar lejos de él me aterra. La casa está llena de ruido, pero el sonido más fuerte es el latido desbocado de mi corazón. No es la música, ni las risas, ni siquiera la multitud desconocida lo que me pone así. Lo sé cuando mis ojos pasean por el salón y lo veo.
Es él.
El doctor Ryker.
Entre la gente, lo veo con esa sonrisa fría que siempre me hiela la sangre.
Mi cuerpo se tensa, y de repente me siento como una niña pequeña atrapada en una pesadilla de la que no puedo despertar.
Me doy la vuelta y corro escaleras arriba lo más rápido que puedo sin llamar la atención, mis piernas tiemblan con cada paso. Intento cerrar la puerta detrás de mí, pero un empujón violento hace que se abra de golpe, haciéndome chocar contra la pared. Jadeo asustada, pero antes de que pueda reaccionar, sus manos están en mi cuello, apretando justo lo suficiente para recordarme quién manda.
—¿Creías que podías esconderte de mí? —dice con esa voz baja que es una amenaza latente.
Caigo al suelo, temblando, y mi mente se vuelve una nebulosa de terror que solo despierta cuando escucho el caos abajo.
Logan está gritando, echando a la gente.
Gemma protesta, su voz aguda sobresale entre la multitud y Vincent le grita también.
Me acuesto y finjo que me siento mal, es todo lo que puedo hacer, cerrar los ojos y desear que se olviden de mí.
Los dos días siguientes pasan como un borrón. No puedo recordar mucho, solo el sonido de Logan respirando profundamente durante sus sesiones de fisioterapia y mi propia respiración entrecortada cuando estoy sola. Estoy constantemente alerta, como si la sombra del doctor Ryker o de su cómplice fueran a aparecer en cualquier momento para lastimarme.
La fisioterapia parece ir mejor. Logan no se queja tanto, y aunque su humor sigue siendo impredecible, hay momentos en los que casi parece relajado.
Pero yo no.
Y entonces mi teléfono suena. Estamos en su despacho y el sonido me hace dar un respingo, como si una bomba hubiera explotado, y Logan frunce el ceño.
—¿Por qué te pones así? —pregunta, tomando el teléfono antes de que pueda detenerlo.
—¡No, no lo leas! —le digo, aterrada de que pueda ser un mensaje de Ryker… pero cuando veo la expresión oscura en los ojos de Logan, entiendo que ya es demasiado tarde.

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