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IMPERDONABLE romance Capítulo 69

TOMO 2. CAPÍTULO 69. Una investigación actualizada.

Logan

El día termina con una sensación extraña: una mezcla de triunfo y cansancio. Mis sospechas desde el principio eran ciertas, pero no puedo evitar sentir que este es solo el comienzo. Por fin algunos de mis enemigos empiezan a caer, pero sé que aún hay muchas piezas en este tablero que no puedo ver con claridad.

Dejo todo en manos del capitán de la policía. No confío plenamente en nadie, pero sé que este hombre tiene más interés en resolver el caso que en cubrirle las espaldas a alguien, después de todo soy uno de los mayores donantes para el departamento de policía de la ciudad, y antes de irme de la comisaría, le dejo claro:

—Quiero nombres. No solo quiero saber quiénes estuvieron detrás de esto; quiero pruebas contundentes para que nadie pueda volver a hacerme esto.

El capitán asiente, y aunque su expresión es seria, puedo ver que sabe la importancia de lo que le estoy pidiendo.

—Le aseguro que les caerá todo el peso de la ley, señor St. Jhon —me asegura.

Regresamos a casa y el aire en la hacienda se siente más liviano, pero aún hay un nudo que no se deshace en mi pecho. Abrazo a Lili todo el tiempo, esa sonrisa cálida jamás desaparece para mí, aunque sus ojos están cansados.

—¿Sabes lo que necesitamos? —Me acerco a ella, la tomo de la cintura y apoyo mi frente contra la suya. Solo el contacto con su piel parece calmarme.

—¿Qué?

—Té de fresas —le digo con tono coqueto y su risa me reconforta después de todo lo que ha pasado.

—El agua en la bañera está caliente, y la fresa está a punto de entrar —me responde y tiro de su mano para llevarla al baño.

El agua burbujea en la bañera mientras el aroma a fresas comienza a llenar el espacio. Me deshago de mi ropa y la ayudo con la suya. El vapor sube, casi al punto perfecto, y la abrazo contra mi pecho mientras nos sumergimos.

El resto... bueno, lo que sucede entre nosotros es tan íntimo como necesario. Liliana es mi refugio, mi única constante en medio de este caos, y aunque trato de no pensar demasiado, no puedo evitar sentir que necesito protegerla más de lo que ya lo hago.

La escucho gemir con desesperación mientras se mueve sobre mí, y sé que ella también me necesita. Mis manos van a sus caderas, guiándola, tomándola, mientras nuestras bocas se encuentran y yo me empujo con fuerza contra su final. La sensación es insoportable, como si lo llenara todo, como sin importar cuántas veces o cómo hagamos esto, nunca será suficiente.

La escucho gritar cuando el orgasmo se acerca y no dice mi nombre. He quedado reducido a “Greñitas”, y por más absurdo que pueda parecer, eso me encanta.

Cuando terminamos, la seco con cuidado, la llevo en brazos hasta la cama y la arropo. Ella cierra los ojos casi de inmediato, y yo me quedo mirándola un rato. Cada vez duerme más, y aunque sé que está cansada por todo lo que ha pasado, no puedo evitar preocuparme. ¿Será el estrés? ¿Será algo más? Tengo que asegurarme de que Esteban le esté dando las pastillas correctas, ya no confío en nadie, especialmente ahora que sé que pueden venir malas desde el mismo hospital.

Decido no molestarla. Bajo al despacho, reviso unos papeles mientras espero al investigador privado que contraté. Basta con mandarle un mensaje para que llegue puntual, como siempre. Lo hago pasar al despacho y cerramos la puerta.

—¿Qué tienes para mí? —le pregunto mientras me siento en mi escritorio.

Él se acomoda en una silla del otro lado, coloca un maletín sobre la mesa y saca varios documentos.

Las palabras me golpean como un tren. Miro los papeles de nuevo, casi como si necesitara confirmarlo con mis propios ojos.

—¿Por qué haría eso? —murmuro, más para mí que para él y el investigador se encoge de hombros.

—Tal vez era una forma de tener algún tipo de control sobre ella. O tal vez tenían otros planes. Lo que está claro es que hizo esto para que la granja volviera a estar en su posesión.

Me recuesto en la silla y mi mente trabaja a toda velocidad. Esto cambia muchas cosas y no entiendo dónde encaja esto en todo lo demás. ¿Por qué Liliana no me lo dijo antes?

—¿Hay algo más? —le pregunto, aunque mi mente ya está completamente enfocada en este nuevo descubrimiento.

—Nada que pueda confirmarle ahora mismo, pero seguimos investigando las conexiones de Ryker. Estoy seguro de que pronto tendremos más información.

Asiento, indicándole que puede retirarse, y citándolo para la siguiente semana. El investigador accede y sale del despacho. Me quedo solo, mirando los documentos en la mesa, con una sensación de inquietud que no desaparece.

Cuando subo a la habitación Liliana sigue dormida, tan tranquila que parece irreal. Me acerco, me siento en el borde de la cama y acaricio su cabello.

—¿Qué más me estás ocultando, Liliana? —murmuro, y algo me dice que el peligro apenas comienza.

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