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IMPERDONABLE romance Capítulo 97

TOMO 2. CAPÍTULO 97. Un vacío en el corazón.

Logan

No puedo dormir. No puedo comer. Todo el cuerpo me duele como si me estuviera apagando lentamente desde adentro. Carolina me observa con preocupación, pero sé que detrás de sus gestos está molesta porque arruino cualquier idea de que podamos tener una luna de miel decente.

Me lo dice sin palabras, con la manera en que suspira o rueda los ojos cuando paso otro día encerrado en la habitación.

Finalmente, no puedo aguantarlo más y me obliga a ir al hospital.

—¡Tiene que tener algún virus o algo! —le grita al médico que me revisa—. ¡No deja de quejarse!

—Pero no tiene fiebre ni ningún otro síntoma… —murmura el médico un poco descolocado.

—¡Pues evidentemente algo se le descompuso! ¡Arréglelo! —insiste, pero yo sé que no es eso.

No es algo tan simple como un virus. Es algo más. Algo que no pueden diagnosticar ni curar.

Simplemente el cuerpo me duele, todo. Los médicos me examinan durante horas y terminan desconcertados. Me dicen que todos los resultados están normales, que quizá estoy estresado o agotado.

“Psicosomático” es la palabra de orden. Así que finalmente me recetan pastillas para dormir y vitaminas, y Carolina prácticamente me arrastra de regreso al hotel.

Me tomo una de las pastillas porque llevo días sin cerrar los ojos más de un par de horas; y cuando al fin me quedo dormido, llega la pesadilla.

Sueño con Liliana. La veo con el rostro pálido, con lágrimas en los ojos, sosteniendo a los niños entre sus brazos. Pero algo está mal. En el sueño, los bebés no lloran, solo Liliana. ¿No deberían llorar? Hace horas que no les da de comer… ¿por qué no lloran? Liliana también se duerme. Trato desesperadamente de despertarla pero no abre los ojos. Todo es caos. Oigo gritos, veo sombras al acecho. Sacudo a Liliana para que despierte, pero las fuerzas no me alcanzan.

—¡Lili! ¡Lili… los niños! — Despierto gritando y mi voz retumba en la habitación vacía.

Un sudor frío recorre mi cuerpo y el dolor ha desaparecido, el físico al menos, pero me queda una desesperación insoportable; y cuando me doy cuenta, Carolina me está mirando desde la puerta que da a la terraza, con el rostro lleno de furia más que de preocupación.

—¿En serio, Logan? ¿Otra vez ella? —me grita, claramente con la paciencia desbordada.

No contesto. Gruño y golpeo la mesita de noche, pero sé que tiene razón. O al menos, una parte de mí sabe que es así aunque a la otra no le importe.

—Al menos espera los dos meses que faltan para que nazcan los niños —gruñe finalmente, dándome la espalda—. Luego podrás hacerte la prueba, pero al menos espera. Es lo único que te pido.

Cierro los ojos con una sensación de desesperación que no puedo sacudirme. Es como si estuviera atrapado en una pesadilla incluso despierto. Me ahogo en alcohol. Es lo único que parece calmar el caos en mi cabeza, aunque sea momentáneamente. Las botellas se acumulan en las esquinas y los días se convierten en un borrón.

Carolina intenta mantener las apariencias. A veces se sienta junto a mí, intentando que hable o que salga de mi estado. Pero la verdad es que ni siquiera puedo mirarla sin sentirme completamente vacío.

En una de esas noches, ella hace un último intento. Se acerca a mí, con un vestido que parece haber elegido con cuidado. Se sienta en mi regazo y me acaricia el cabello, susurrando algo sobre que "necesitamos reconectarnos". Pero yo no puedo.

—Carolina, no puedo hacer esto —le digo finalmente, apartándola, y ella se levanta de golpe, completamente humillada y furiosa.

—Claro que no puedes, porque sigues obsesionado con Liliana. ¡Deberías ir pidiendo horas de visita conyugal para el resto de su vida, porque dudo mucho que puedas verla de otra forma! —me escupe las palabras antes de marcharse, azotando la puerta.

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