Porque, hace tan solo unos instantes...
Había distinguido un fugaz destello homicida en los ojos de aquella estudiante llamada Kiara.
Era un instinto asesino.
¡Uno tan letal que incluso a él, un exmilitar acostumbrado a vivir al filo de la muerte, le puso los pelos de punta!
Tragándose la furia y la humillación, le dirigió a Kiara una mirada profunda.
En el fondo de sus ojos latía un sutil pavor.
Pero lo que prevalecía era un rencor absoluto y venenoso.
No importaba.
Era una competencia en una isla totalmente aislada.
Al fin y al cabo, era su territorio.
Allí, él tenía el control de todos los recursos, del equipo y poseía autoridad casi divina.
¡Tendría innumerables oportunidades para torturar a esa mocosa infeliz!
¿Qué importaba que supiera pelear?
¿De qué le servía haber quedado en primer lugar en todas las rondas?
¡Esto era el Desafío Élite!
Sin equipo de precisión, sin un lugar decente donde descansar.
¿Acaso con sus puños iba a sacar adelante la investigación?
Si Kiara quería ganar esta competencia, ¡tarde o temprano tendría que venir a suplicarle!
Al pensar en esto, la frustración en el pecho del juez Humberto se alivió un poco.
Soportando el dolor agudo, soltó una risa siniestra y se volteó hacia Sabrina: —Señorita Benítez, déjela que celebre por ahora.
—Las condiciones en la isla son implacables, y ya que algunos se creen tan capaces, estoy seguro de que sus próximos cinco días serán sumamente provechosos.
Acentuó la palabra provechosos a propósito, antes de reír de forma lúgubre: —Señorita Benítez, permítame acompañarlos a la suite con vista al mar de la Zona A. Está perfectamente equipada, ya verán si es de su agrado.
Al decir eso.
Después de todo, solo sabían una cosa: ¡Si la capitana lo hizo, por algo será!
¡La capitana siempre tiene la razón!
¡Mientras ellos no estorbaran y la apoyaran, todo saldría bien!
Rosana, apoyando la cara en las manos, dejó ver unos ojos brillantes bajo su flequillo: —Nadie como nuestra líder. Es tan inteligente que, solo por un comentario de ese Humberto, supo deducir que no había cámaras en la isla. ¡Así es como logramos devolverles el golpe!
Empezó a aplaudir efusivamente: —¡La líder es invencible! ¡Viva nuestra líder!
—¿Y quién les dijo que no hay cámaras en la isla? —preguntó Kiara alzando una ceja.
Los ojos de Rosana se abrieron de par en par: —¿Acaso... las hay?
Pero por la reacción del juez Humberto, había parecido que no existían.
Si realmente hubiese cámaras...
¿No habría saltado Humberto con las pruebas a gritar que habían violado las reglas y echarlos de la competencia?
Kiara levantó la mano y le dio un golpecito en la frente: —Esta es la competencia internacional de mayor prestigio académico, el lugar donde reina la justicia y la equidad. ¿Cómo crees que no iban a instalar cámaras?

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