El escándalo que se desató fue brutal.
Además, la casa estaba ubicada cerca de la zona de dormitorios.
Muchos de los competidores que estaban desempacando en sus habitaciones escucharon el estruendo y se acercaron corriendo para ver qué ocurría.
Desde el umbral de la puerta destrozada, los estudiantes de otros equipos asomaban la cabeza hacia el interior de la casa.
Todos quedaron con la boca abierta, casi sin poder creer lo que veían.
Esa... ¡esa chica llamada Kiara Ibarra no le tenía miedo a nada!
Hace apenas unas horas le había destrozado la pierna al juez principal.
¡Y ahora estaba asaltando su residencia personal!
¿De verdad no le importaba que los organizadores la descalificaran por completo?
Pero, pensándolo bien...
Probablemente no tenía de qué preocuparse.
Después de todo, su equipo había arrasado en el primer lugar durante las diez rondas consecutivas de la competencia grupal.
Había logrado una puntuación tan alta que el segundo lugar ni siquiera estaba cerca de alcanzarla.
Y después de esta competencia grupal, seguía el torneo internacional individual.
El equipo nacional dependía casi exclusivamente de Kiara para enfrentarse a los genios extranjeros.
Los altos mandos jamás permitirían que descalificaran a un prodigio de su calibre.
Con razón Kiara actuaba con tanta arrogancia.
¡Sabía perfectamente que era intocable!
—¡Esa mujer está completamente loca!
Sabrina y Pamela también habían llegado a la escena, justo a tiempo para ver cómo las maletas, la ropa y los artículos personales de Humberto salían volando por la puerta.
Sus rostros se desencajaron.
¡El juez Humberto era su única carta de triunfo en toda la isla!
Habían planeado humillar a Kiara desde el primer minuto, y todo había salido mal.
¿Acaso Kiara iba a salirse con la suya y pisotear a su único protector?
Cuando ambas corrieron hacia la entrada de la casa, vieron la escena desarrollarse frente a sus ojos...
Seis o siete hombres gigantes del comité de jueces se abalanzaron al mismo tiempo sobre Kiara.
Los ojos de Sabrina brillaron de pura emoción.
¡Sí!
¡Eso era exactamente lo que debía pasar!
Los dos hombres que iban a la cabeza ni siquiera lograron rozar la ropa de Kiara.
Solo sintieron un dolor fulminante en el pecho antes de salir volando hacia atrás.
Chocaron violentamente contra la pared con tal fuerza que ni siquiera tuvieron tiempo de gritar. Simplemente se deslizaron hacia el piso, completamente incapacitados.
Los otros atacantes palidecieron e intentaron frenar en seco.
Pero Kiara ya había pasado a la ofensiva.
Sus movimientos eran rápidos, como un relámpago.
Y cada golpe estaba envuelto en una elegancia y gracia letal, casi hipnótica.
Levantó la pierna, lanzando una patada descendente brutal.
Movió los puños, cortando el aire con fuerza devastadora.
Cada golpe era despiadado y directo a los puntos vitales.
En menos de medio minuto.
Esos seis o siete gigantes, que hace un segundo parecían invencibles, estaban tirados por todo el suelo.
Se retorcían de dolor, agarrándose el estómago o los brazos dislocados, soltando gemidos agónicos.
Y uno de los hombres, tras recibir una patada directa de Kiara, salió despedido hacia atrás, perdiendo el equilibrio y estrellándose de lleno contra Sabrina y Pamela, que miraban todo desde la puerta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste