¿Descalificarme?
Los labios rojos de Kiara se curvaron en una sonrisa fascinante y peligrosa, con un toque casi demoníaco en sus ojos.
Soltó una risa burlona.
Luego giró el rostro hacia los miembros de su equipo, que ya estaban de pie a su lado.
A pesar de las amenazas de Humberto, los chicos no parecían tener ni una gota de miedo.
Simplemente la miraban con preocupación.
Y ahora, respiraban aliviados.
Claramente, se habían asustado cuando Humberto intentó atacarla por la espalda.
Kiara les extendió la mano con la palma hacia arriba y arqueó una ceja.
No hicieron falta palabras.
Rosana entendió su señal al instante.
Sus ojos se iluminaron, corrió entusiasmada, se agachó para recoger el pesado cenicero de cristal que se le había caído a Humberto y se lo puso a Kiara en la mano.
Kiara sonrió levemente, dándole a Rosana una mirada de aprobación.
Rosana se frotó la nuca y rió, orgullosa de su hazaña.
Humberto abrió los ojos desmesuradamente, mirando el cenicero en las manos de Kiara. Sentía que se le iba a salir el corazón por la boca.
—Kiara, ¿q-qué vas a hacer?
Ella se quedó ahí, de pie frente a él, mirándolo desde arriba como si fuera una deidad juzgando a un simple mortal.
Sus ojos fríos brillaban con una sonrisa maliciosa, pero repleta de veneno.
—Voy a hacer exactamente lo que tú quieres hacer.
Kiara flexionó un poco las rodillas, inclinándose hacia él.
Y al hacerlo, aumentó la presión de su pie sobre la rodilla destrozada del hombre.
—¡AHHH!
Humberto se retorció en agonía. Las venas de su frente parecían a punto de estallar y un sudor frío le empapaba el rostro.
Kiara levantó el brazo y estrelló el cenicero directamente contra la cabeza del juez.
La fuerza fue tal que...

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