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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1068

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—Suficiente chisme por hoy —dijo Kiara, levantando apenas la vista—. Recuerden, a las seis nos vemos.

Todos se enderezaron de inmediato: —¡Sí, capitana!

Y se fueron corriendo a sus habitaciones.

Santiago se quedó allí un momento.

Cuando los demás se fueron, le dijo: —Capitana, gracias.

—Y buen trabajo.

Dicho esto, dio media vuelta y se fue a su cuarto.

Kiara se levantó y miró por la ventana.

Hacia la dirección de los dormitorios de la Zona S.

Sintió que desde allá la miraban con odio.

Curvó ligeramente sus labios rojos, dejando escapar una sonrisa fría y misteriosa.

Esa noche.

Alguien no pegaría el ojo.

Mientras tanto.

Todo el Equipo Esperanza durmió como nunca, arrullados por el suave aroma del incienso en el aire.

Ese incienso, preparado por su capitana, era para asegurarles un buen descanso.

Y vaya que funcionó.

Al día siguiente.

Se levantaron llenos de energía, se arreglaron y fueron directo al comedor.

Ya había algunos equipos desayunando.

Pero en comparación con la vitalidad del Equipo Esperanza.

El resto se veía bastante decaído.

Tal vez por los nervios de los cinco días de encierro que les esperaban, o quizá por el escándalo de la Zona S.

El contraste entre ellos y el equipo de Kiara era brutal.

Santiago y los demás llevaban bandejas gigantes.

Rebosantes de comida.

Carne, huevos, leche.

Un desayuno de campeones.

Comían con un apetito envidiable.

En cambio, cuando entraron los del Equipo Atrapasueños.

No tenían otra opción.

Las dos señoritas de la alta sociedad juntaron cinco sillas e intentaron dormir hechas un ovillo.

Los otros tres ni siquiera tuvieron sillas y durmieron en el suelo.

Estaban tan cansados.

Que hasta en el piso lograron quedarse dormidos.

Pero claro...

Ellos solo habían visto un par de insectos.

Así que el trauma no fue tan grande.

Lo de Sabrina y Pamela era otra historia.

Estuvieron rodeadas por un mar de bichos que hasta les caminaron por encima.

El impacto fue devastador.

Quedaron con una paranoia terrible.

Al menor ruido.

Hasta por el zumbido de una máquina.

Saltaban gritando y buscando si había algún bicho cerca.

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