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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1085

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Las sonrisas de victoria se borraron instantáneamente de sus rostros.

Nadie esperaba que Kiara se mantuviera tan inalcanzable.

Patricio quería verla rota, no contemplarla en su trono de arrogancia.

Su rostro se endureció.

—Soy un observador especial.

—Y un observador solo puede observar, no alterar el orden... —murmuró Humberto, secándose el sudor de la frente, al borde del pánico—. Si continúa interfiriendo, la seguridad nacional vendrá a desalojarlo. Y en el peor de los casos... lo expulsarán de la isla por la fuerza.

Luego miró a Sabrina y Pamela con ojos suplicantes.

—Y ustedes dos perderán puntos vitales en la competencia.

La expresión de Patricio pasó del enojo a la incredulidad, sus ojos brillaban con resentimiento.

—¡Perfecto! ¡Muy bien!

Apretó los puños con fuerza.

—¡Ya que eres tan terca, espero que no te arrepientas!

Sabrina soltó un bufido de desprecio.

—Vámonos, no vale la pena ensuciarse con una campesina. Cuando mi equipo saque los datos perfectos con la tecnología del señor Fuentes, ¡quiero verte llorar cuando pierdas!

Kiara posó su mirada en Sabrina por un instante.

Tras unos segundos de pesado silencio, dejó escapar una risa fría.

—Un montón de chatarra, el premio perfecto para un equipo basura.

Dio media vuelta y caminó hacia adentro, lanzando una última orden sobre su hombro.

—Humberto, espero que limpie esta basura de mi puerta.

La pesada puerta del laboratorio se cerró de golpe.

Un brillo desquiciado cruzó por sus ojos.

—¡Le voy a demostrar a esa perra quién tiene la verdadera chatarra!

—¡Conecten todo de inmediato! Vamos a procesar los datos a la velocidad de la luz. ¡Le voy a enseñar a esa infeliz lo que los verdaderos genios pueden hacer con el equipo adecuado!

En cuanto los técnicos abandonaron el lugar, Sabrina no dudó.

Configuró todo a máxima potencia. CPU al límite, procesamiento al máximo.

Ese tipo de máquinas, al llevarse al extremo, aumentaban su capacidad en un cincuenta por ciento.

El ensordecedor zumbido de los motores llenó la habitación.

Sabrina observaba los números volar por la pantalla, y una sonrisa macabra se dibujó en sus labios.

—¿Lo ven? Esta velocidad... Esta precisión... Solo la tecnología de élite logra algo así.

—Sabri... —Pamela sintió una repentina opresión en el pecho—. Llevar los equipos al máximo consume una cantidad brutal de energía. ¿Crees que la red eléctrica de la isla soporte algo así?

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