Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1086

Nuevo hogarIndomable: No soy la chica que echaste ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—¿De qué tienes miedo? —respondió Sabrina con el ego por las nubes—. Este es un centro de investigación del gobierno. La red eléctrica está diseñada para uso militar, ¿de verdad crees que unas cuantas máquinas la van a derribar?

Sin pensarlo dos veces, miró las otras pantallas.

Y encendió absolutamente todas las máquinas a su máxima potencia.

Los miembros de su equipo la seguían ciegamente.

Todos corrieron a obedecerla, ajustando los voltajes y llevando los motores al límite de su capacidad.

Pero...

Justo en el momento en que decenas de máquinas de alto consumo arrancaron al mismo tiempo.

Un agudo chirrido eléctrico resonó en las paredes.

Inmediatamente, las luces de los monitores que antes parpadeaban rítmicamente comenzaron a temblar con violencia.

Una a una, las pantallas del laboratorio se volvieron completamente azules.

Segundos después.

Una alarma ensordecedora estalló en el lugar.

—¿Qué está pasando? —La sonrisa de Sabrina se congeló en un instante.

Antes de que alguien pudiera reaccionar.

Las luces del techo parpadearon bruscamente.

¡BAM!

Una lluvia de chispas saltó de uno de los paneles.

Una de las máquinas importadas empezó a escupir un humo negro y denso.

Y en ese mismo segundo.

Todo el laboratorio quedó sumido en la oscuridad.

Las luces murieron.

Pero no fue solo su laboratorio.

Las luces de toda la isla titilaron por una fracción de segundo.

Y luego, un apagón total y absoluto paralizó las instalaciones.

El pánico estalló en la isla.

—¡¿Qué diablos pasó?! ¡¿Por qué no hay luz?!

—¡Nooooo! ¡Mis datos! ¡No alcancé a guardar nada!

—¡¿Qué significa esto?!

Los guardias y los jueces intentaron controlar a la masa.

Pero el nivel de histeria y furia era inmanejable. Ni siquiera la seguridad nacional podía detener la rabia de decenas de genios que habían perdido el trabajo de sus vidas.

Dentro del laboratorio.

Sabrina estaba pálida como un fantasma, temblando de pies a cabeza frente a la puerta blindada.

—¿Qué... qué hago...?

Los golpes y los insultos resonaban como un martillo en su cabeza.

Pamela estaba lívida. Miraba las máquinas humeantes y sentía unas ganas incontrolables de asfixiar a Sabrina con sus propias manos.

Realmente no entendía cómo esta inútil había logrado entrar a la Universidad Libre del Sur.

Le había advertido sobre la sobrecarga.

Y la idiota la había ignorado.

Ahora, las consecuencias eran catastróficas.

Pero Pamela no podía mostrar su furia. Su estatus dependía de mantener su alianza con el Grupo Benítez.

—Sabri, tenemos... tenemos que salir y pedir perdón... si no lo hacemos, jamás nos dejarán salir de la isla vivas...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste