—¿Explicar?
Kiara soltó una carcajada suave, cargada de un desprecio absoluto.
—¿Acaso el Equipo Esperanza necesita recurrir a bajezas para ganar?
Su voz era fría, sin una sola pizca de emoción.
Pero esas simples palabras se sintieron como una bofetada a mano abierta directamente en el rostro de Sabrina.
La humillación le quemó las mejillas.
Los demás estudiantes fulminaron a Sabrina con la mirada, como si estuvieran viendo a un animal estúpido.
—¡Exacto! El Equipo Esperanza nos ha aplastado sin piedad en diez rondas consecutivas.
—Con ese nivel, ¿por qué necesitarían hacer trampa?
—Van a ganar el torneo de todos modos, no necesitan ensuciarse las manos.
—...
Los comentarios llovían llenos de burla, hundiendo a Sabrina en la miseria.
Desde el primer momento, nadie creyó que el Equipo Esperanza tuviera algo que ver con el sabotaje.
Lo único que querían saber era cómo habían conseguido luz. Sin electricidad, la investigación estaba muerta.
Sabrina jamás imaginó que cientos de personas confiarían ciegamente en su peor enemiga.
Se sentía como una payasa de circo.
Su rostro pasó del rojo intenso a un pálido enfermizo.
—¡E-entonces, dinos por qué ustedes tienen luz! —chilló con desesperación.
Kiara levantó la mirada lentamente y respondió con voz aburrida.
—Porque mi equipo cuenta con un Módulo de micro-alimentación por fusión nuclear integrado.
¿Módulo de... qué?
¿Fusión... qué?
—Esta isla es una base militar. La red opera en una frecuencia de voltaje completamente distinta.
—Pero un grupo de ignorantes intentó forzar equipos comerciales dentro de una red de alta tensión, sobrecargaron los transformadores y los hicieron explotar.
—¿De verdad tengo que darles clases de física básica?
—Si son unos completos idiotas, asuman su culpa.
En un abrir y cerrar de ojos, la turba entera se giró lentamente hacia Sabrina y Patricio.
—¡Es cierto! ¡Las alarmas sonaron en su laboratorio justo antes del apagón!
—¡Intentaron mezclar voltajes comerciales con red militar! ¡¿Y se hacen llamar la élite?! ¡No saben ni cómo funciona un maldito enchufe!
Los ojos de los estudiantes volvieron a inyectarse en sangre, y la sed de venganza renació con más fuerza.
Al verse acorralada, Sabrina se encogió de terror, escondiéndose detrás de la espalda de Pamela, y gritó con voz chillona.
—¡Todo fue una trampa de Patricio! ¡Yo también soy una víctima!

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