Las líneas de código comenzaron a desplazarse a toda velocidad.
Los datos volvieron a correr sin problemas.
Santiago clavó los ojos en la pantalla y estuvo a punto de dar un salto de la emoción.
—¡Lo lograste! ¡El algoritmo está resuelto! ¡El porcentaje de coincidencia es total!
—¡Capitana, eres increíble! Hace un momento sentía que esos cálculos matemáticos me iban a volver loco, ¡y tú lo solucionaste en un parpadeo!
Santiago estaba tan emocionado que casi sentía ganas de arrodillarse y alabarla.
Al escuchar eso, los demás participantes entraron en shock.
—¿Qué? ¿Ya lo resolvió?
—No puede ser verdad... ¡Apenas pasó un minuto!
—¡Maldita sea! Sabía que la capitana del Equipo Esperanza era una genio, ¡pero no pensé que fuera para tanto! Yo pasé tres días enteros intentando descifrar un solo paso de esa ecuación y no logré nada. ¿Y ella lo hizo así de fácil?
—¿Es humana siquiera? ¡Es una supercomputadora con piernas!
—¡Maestra Kiara! ¡Maestra Kiara! ¡Por favor, acépteme como su discípulo!
Los estudiantes empezaron a estirar el cuello tratando de asomarse a la pantalla de la tableta.
Casi le suplicaban a Kiara.
—¡Por favor, diosa Kiara, déjanos ver! ¡Solo un vistazo!
Santiago, que todavía sostenía la tableta, seguía en estado de éxtasis.
Al oír los ruegos de los demás, miró a su capitana para pedir permiso.
Frente a la avalancha de halagos y reverencias, la expresión de Kiara permaneció inalterable, tranquila y un poco perezosa.
Era como si estuviera completamente acostumbrada a ese tipo de devoción.
Ella asintió levemente.
Santiago giró la pantalla para que los demás pudieran ver.
Todos se amontonaron para observar.
Unos segundos de silencio total.
Y entonces, una explosión de asombro.
—¡Así que esta era la forma de abordarlo!
No lo entendía.
Si Kiara era tan brillante y capaz, ¿por qué demonios nunca mostró nada de esto cuando estaba con la familia Zúñiga?
En aquel entonces, ella se comportaba como una chica pueblerina, sumisa, temerosa, ignorante, aburrida y sin gracia.
Si...
Si desde el principio hubiera mostrado todo ese talento, todo ese poder.
La familia Zúñiga jamás la habría maltratado.
Y él jamás la habría menospreciado por su origen, ni se habría dejado llevar por las burlas de sus amigos.
¡Y mucho menos se habría fijado en esa zorra inútil y superficial de Catalina!
Ahora que lo pensaba en frío...
¿Qué diablos era Catalina?
¡No le llegaba a Kiara ni a los talones!
Patricio sentía que el estómago se le revolvía por culpa de un arrepentimiento que lo devoraba vivo.

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