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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1111

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Que Patricio hubiera viajado a esa isla había sido, en gran parte, gracias a sus insinuaciones y manipulaciones.

Pamela lo que quería era que él se enfrentara a Kiara.

Mientras Kiara siguiera sintiendo algo por Patricio, todo iría a su favor.

Lo ideal sería atrapar a Kiara y a Patricio a solas en esa isla, un hombre y una mujer sin nadie más alrededor... y que pasara algo entre ellos.

De esa forma, tendría a Kiara comiendo de la palma de su mano.

Incluso...

Podría hacerle ver a Joaquín que ella, Pamela, era la única que siempre le había sido fiel, la que lo amaría hasta la muerte.

¡Si lograba que Joaquín sintiera asco por Kiara, entonces él se daría cuenta de lo valiosa que era ella!

Si lograba unirse a la familia Carrasco, entonces... ¡ya no tendría que suplicarle nada a nadie de la familia Benítez!

Pero todo había salido exactamente al revés de lo que planeó.

Esa mujer, Kiara, era aterradora.

Había sido capaz de tratar con tanta crueldad al hombre que fue su prometido por cuatro años.

Entonces, la próxima...

¿Sería ella?

Al pensar en los métodos despiadados de Kiara, Pamela comenzó a temblar.

Recordó las palabras de Guillermo, recordó todo lo que él había organizado...

Esa era su única salida.

Pamela apretó los puños y miró la espalda de Kiara mientras se alejaba. En sus ojos brilló un destello de hostilidad desesperada.

Si de todas formas iba a morir.

¡Entonces arrastraría a Kiara al mismísimo infierno con ella!

...

Después de la cena.

En el laboratorio número uno de la Zona A.

La atmósfera era tan pesada que costaba respirar.

Sabrina estaba sentada frente a la computadora, revolviéndose el cabello con frustración.

Todos los datos debían basarse en ese algoritmo para funcionar.

Al principio, como el tema del concurso coincidía exactamente con las investigaciones que la familia Benítez llevaba haciendo por años, pensaron que sería tan fácil como hacer un examen con el libro abierto.

Pero, a la hora de la práctica, descubrieron que la información de los Benítez no servía de nada.

—¡Todo es culpa de esos dos inútiles! —estalló Sabrina, perdiendo por completo la paciencia. Empujó el teclado con violencia y arrojó el cuaderno de notas al suelo—. ¡Si no hubieran huido, no estaríamos atascados aquí!

—¡Qué porquería de experimento! ¡Qué porquería de algoritmo! ¡Basura! ¡Son todos unos inútiles!

Sabrina había pensado que esos dos compañeros de equipo, que la habían insultado, solo hablaban por hablar llevados por el enojo.

Creía que, tarde o temprano, regresarían con el rabo entre las piernas para rogarle.

Pero nunca imaginó que cuando dijeron que se retiraban de la competencia, lo decían muy en serio.

Realmente no querían seguir aguantando los caprichos de una niña rica como Sabrina.

Ese mismo día se subieron a la patrulla de defensa naval y se fueron con la gente de la junta de supervisión.

Se fueron sin mirar atrás y sin una gota de arrepentimiento.

Ahora, en el Equipo Atrapasueños solo quedaban ella, Pamela y ese otro muchacho.

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