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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1112

El grupo de cinco, que ya venía tropezando desde el inicio del experimento, ahora se había reducido a tres.

Y el progreso del proyecto, por supuesto, no avanzaba ni un milímetro.

Además, al faltar dos personas, hasta las tareas más básicas recaían sobre ella.

¡La gran señorita Benítez teniendo que ensuciarse las manos!

Y, para colmo, por más que se esforzaba, no lograba ningún resultado.

La paciencia de Sabrina estaba a punto de agotarse.

El compañero de equipo, al ver el rostro furioso de Sabrina, sintió miedo, pero no pudo evitar recordarle la situación.

—Capitana, solo nos queda un día y medio. Si no logramos avanzar con el algoritmo central, no podremos construir el modelo...

—Si no lo logramos, estamos perdidos.

—¡Cállate! —bramó Sabrina, perdiendo los estribos—. ¿Acaso necesito que me lo recuerdes? ¿Eres idiota? ¿No puedes pensar en una solución por ti mismo?

—Yo... —balbuceó el chico, sintiéndose profundamente humillado.

¡Si él pudiera resolverlo solo, no estaría aguantando esos gritos!

El resto de los equipos, gracias a la guía de Kiara, prácticamente ya estaban terminando sus investigaciones.

Cuando llegara el momento de la evaluación, solo el Equipo Atrapasueños estaría en blanco.

Ni un solo dato lograron sacar.

Iban a quedar como el gran chiste de la isla.

El muchacho empezó a arrepentirse. ¿Por qué al mediodía no tuvo el valor suficiente para irse junto con los otros dos compañeros?

Si se hubiera marchado en ese momento, al menos no estaría pasando por esta humillación.

Y no tendría que soportar él solo toda la furia de Sabrina.

Por supuesto, a Sabrina le importaba un comino lo que pensara o sintiera su compañero. Para ella, él valía menos que un perro.

Estaba a punto de explotar.

De verdad, estaba furiosa.

Miraba el laboratorio vacío, veía los códigos sin sentido parpadeando en la pantalla...

Y luego recordaba cómo a Kiara todos la trataban como si fuera una diosa, como si hubiera bajado del cielo.

Cuanto más lo pensaba, más le hervía la sangre.

Agarró un tubo de ensayo de la mesa y lo estrelló contra el suelo.

—¡A la mierda con este experimento, ya no hago nada! —gritó.

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