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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1125

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—¡Kiarita, cuando regresemos, tenemos que salir a comer!

—¡Kiarita, pásame tu WhatsApp!

—Kiarita, si en el futuro tengo dudas, ¿puedo pedirte consejo?

Kiara estaba recostada cómodamente en su silla, con una actitud lánguida, asintiendo de vez en cuando y respondiendo con un simple 'ajá'.

Pero a nadie le parecía que fuera engreída.

Con ese nivel de talento, se lo tenía bien ganado.

Mientras todos estaban sumergidos en la alegría de la fogata.

Sabrina Benítez, cuya fiebre había bajado un poco, se cambió por un traje de diseñador, se maquilló impecablemente y se acercó acompañada de Pamela Ibarra.

Evidentemente estaba de excelente humor. Había dejado atrás su imagen desastrosa, llevaba la barbilla muy en alto y caminaba con aires de grandeza.

Había vuelto a ser la intocable y arrogante heredera de la familia Benítez.

Al mirar a Kiara.

Sabrina recordó la miseria en la que estuvo metida.

Mientras más lo pensaba, más orgullo sentía, al punto de que no pudo evitar sonreír abiertamente.

Alguien de otro equipo, que no soportaba verla, soltó un comentario sarcástico.

—Vaya, con esa actitud, ¿no me digas que el Equipo Atrapasueños logró terminar esos datos donde se habían quedado estancados?

—Imposible. Les faltan dos personas y ni siquiera lograron sacar el algoritmo principal...

—Entonces, ¿de qué se ríe?

Sabrina los escuchó, volteó hacia ellos y se rio con más fuerza.

—¿Qué pasa? ¿Ustedes pueden terminar pero nosotras no?

Soltó una carcajada fría, barriendo a todos con una mirada de desprecio, hasta que sus ojos se clavaron en Kiara. Habló con sarcasmo venenoso:

—Todos ustedes son un montón de inútiles sin talento que solo pueden depender de las limosnas de Kiara Ibarra.

—Pero yo, Sabrina Benítez, ¡puedo lograr esa deducción final que ustedes ni en sueños podrían hacer, y solo dependiendo de mí misma!

—Voy a ganar por mis propios méritos.

Todo el lugar se quedó en silencio por un segundo.

Y luego, alguien no pudo contenerse y se echó a reír a carcajadas.

—¡Jajaja...!

Rosana estaba devorando unas alitas de pollo que Santiago había preparado en el asador. Mientras masticaba, miró a Kiara.

—Líder, esa Sabrina está loca de remate, ¿verdad? No solo nos roba los datos, ¡sino que tiene el descaro de venir a restregárnoslo en la cara!

¿Acaso no le daba miedo que sospecharan algo?

¿O estaba tan desesperada por demostrar lo buena que era, que ni siquiera pudo aguantarse una noche más?

Kiara estaba recostada perezosamente en su tumbona, con las manos entrelazadas detrás de la nuca, mirando al cielo. Su voz sonó tranquila:

—Bueno, lleva años sintiéndose superior a todos, y después de los golpes que ha recibido estos días, es natural que quiera desahogarse un poco.

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

Pero era una sonrisa cargada de crueldad y sarcasmo.

—Dejemos que sea feliz una noche más.

—Después de todo, a partir de mañana...

—Solo le quedará llorar.

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