Media hora después.
En el laboratorio se escuchaban continuas exclamaciones de asombro.
Varios especialistas que llevaban más de diez años estudiando redes neuronales miraban las pantallas, temblando de la emoción.
—¡Señor Benítez! ¡Estos datos son increíbles!
—¡Son perfectos! ¡Absolutamente impecables!
—¡Un proyecto que llevamos años tratando de avanzar, y este informe acaba de dar un salto gigante!
—¡Esto es obra de un genio! ¡Un genio en toda la extensión de la palabra!
—¡Este trabajo es mejor que cualquier otra investigación que hayamos visto!
Los especialistas tenían los ojos llenos de fanatismo, fascinados.
Jamás imaginaron que todo el trabajo de sus vidas quedaría opacado por el proyecto de competencia de una simple estudiante universitaria.
Al ver la reacción de los especialistas, cualquier duda que Guillermo tenía desapareció por completo.
Miró a Sabrina, y su expresión cambió.
Se acercó y la levantó del suelo con sus propias manos:
—Qué buena hija tengo, esta vez lo hiciste muy bien.
Sabrina por fin soltó un suspiro de alivio.
Y no pudo evitar sentirse un poco orgullosa.
Al ver las dudas de su padre hace un momento, ella misma había empezado a creer que todo era una trampa de Kiara.
Pero ahora quedaba claro que esa tal Kiara no era más que una idiota.
Al ver que la actitud de Guillermo había cambiado, Sabrina aprovechó para lloriquear y pedirle un montón de cosas para compensarla.
Guillermo aceptó todas sus exigencias y luego hizo un gesto para que se la llevaran a descansar.
Una vez que calmó a su hija, Guillermo se giró hacia los especialistas, que seguían maravillados frente a los monitores.
Por dentro, sentía un escalofrío al pensar en el aterrador talento de Kiara.
Era tan joven, y aun así, había logrado crear un informe que un montón de expertos no habían podido resolver en más de una década.
Qué lástima que alguien así no trabajara para la familia Benítez.
Y ya que eran enemigos, ¡tenía que eliminarla!
Al escuchar a los expertos asegurar con tanto fervor que ese documento les daría la victoria en la competencia, e incluso rompería récords mundiales para conseguir la patente de mayor prestigio en el país...
Centro Internacional de Convenciones de Clarosol.
Era el día de la presentación de la ronda once del Desafío Élite Global, y de la ceremonia de premiación.
Todos los equipos fueron tomando sus lugares.
Para demostrar la importancia y autoridad del evento, los resultados finales se transmitirían en vivo para todo el mundo.
Guillermo estaba convencido de que el Equipo Atrapasueños tenía la carta ganadora y que la victoria era suya.
Para aprovechar la oportunidad y darle prestigio a la Farmacéutica Benítez, y de paso, hacer que las acciones subieran como la espuma, gastó una fortuna invitando a los medios de comunicación más importantes, tanto locales como internacionales.
Estaba listo para ser el centro de atención.
Sentado en la sección VIP, Guillermo mostraba una sonrisa de triunfo.
En la primera fila de la zona de participantes.
Sabrina, luciendo un vestido de diseñador y con la barbilla en alto, estaba sentada en el centro, en el lugar más visible de todos.
Sin disimular en lo más mínimo, ya se consideraba la campeona indiscutible de la jornada.
A su lado estaba Pamela Gómez, que llevaba puesto un vestido bastante decente que Sebastián Benítez le había comprado hace tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste