Estaba igual que Guillermo Benítez antes de morir: desesperado, impotente y rogándole piedad.
Ahora le tocaba a él suplicarle a su jefe entre lágrimas.
Pero sus lamentos se cortaron de golpe.
Su cuerpo empezó a convulsionar de manera violenta.
Sus ojos casi se salían de sus órbitas y su boca se abría y cerraba, incapaz de emitir sonido alguno.
Se aferró el cuello, ahogándose en su propio dolor.
Mientras convulsionaba, la sangre comenzó a brotarle de los ojos, oídos, nariz y boca.
Segundos después, cayó al suelo, muerto.
Kiara observó el cadáver sin inmutarse y habló en un tono glacial:
—Tenía una micro cápsula de veneno implantada.
Luego, levantó la mirada hacia la sombra en la pantalla.
—Fuiste tú quien la activó, ¿verdad?
Hizo una pausa, riendo con sarcasmo:
—¿Tú eres esa "entidad intocable" de Ocaso Negro?
La sombra guardó silencio unos instantes.
De pronto, soltó una carcajada.
Esa risa metálica era perturbadora y aguda.
Sus ojos, ocultos en la oscuridad, parecían estar clavados en Kiara a través del monitor.
—Kiara.
Pronunció su nombre con una voz robótica empapada de burla.
—Eres mucho más lista que tu difunta abuela.
Las pupilas de Kiara se contrajeron.
¿Abuela?
¡¿Doña Julia?!
¿Cómo diablos el líder de Ocaso Negro conocía a doña Julia?
Al ver su reacción, la sombra pareció complacida y rio aún más fuerte.
—Pensé que la famosa Muerte Viviente de la Liga Espectro lo sabía todo.
—Parece que ignoras por completo lo que tu abuela hizo en el pasado.
La mirada de Kiara se volvió sombría y fría como el hielo.
Mirando fijamente la pantalla, preguntó:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste