Samuel y Benjamín también se acercaron de inmediato.
—¡Sí, hermana! Antes la abuela te adoraba, y lo que más le gustaba era ver a la familia unida. La paz familiar trae prosperidad.
—Llévanos de vuelta a Clarosol. Tú también quieres que la abuela descanse en paz, ¿verdad?
Todos hablaban sin parar, usando a la "abuela" en cada frase, intentando ablandar el corazón de Kiara.
Kiara se quedó de pie en la puerta, observando esos rostros repulsivos que se amontonaban frente a ella con sonrisas hipócritas.
Al escucharlos sacar el nombre de su abuela uno por uno para jugar con sus sentimientos...
Kiara solo sintió que eran patéticos.
Soltó una risa fría.
—Han estado exiliados en el campo todo este tiempo y ni una sola vez han ido a visitar su tumba.
—Y ahora están aquí, usando su nombre a cada instante, fingiendo ser tan respetuosos con ella.
—¿No se dan cuenta de lo ridículos que se ven?
Las sonrisas en los rostros de los Zúñiga se congelaron al instante. Su expresión aduladora empezó a desmoronarse.
Tristán tosió un par de veces, forzó otra sonrisa y dio un paso hacia ella, extendiendo la mano para agarrar la suya.
—Kiki, es... es que hemos estado muy ocupados sobreviviendo. Nosotros...
Kiara levantó la mano y le dio una bofetada a Tristán en pleno rostro.
El impacto fue brutal.
Tristán tropezó por la fuerza del golpe y cayó al suelo.
Quedó completamente aturdido.
¡¿Kiara se atrevía a pegarle?!
¡¿Se atrevía a levantarle la mano?!
Incluso si él necesitaba un favor de ella en ese momento, seguía siendo una figura de autoridad.
¡¿Cómo se atrevía a golpearlo?!
Dana gritó horrorizada por la repentina bofetada y corrió a ayudar a su esposo.
—¡Kiara, ¿estás loca?! ¡Es tu padre!
Kiara giró la cabeza para mirarla.
En sus hermosos ojos solo había un frío cortante y aterrador.

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