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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1198

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Una semana después.

Aeropuerto Internacional de Clarosol, sala de espera VIP.

Tras las rigurosas etapas eliminatorias grupales, la delegación de Solarenia, compuesta por treinta y cinco de los estudiantes más brillantes, incluyendo a Kiara, estaba reunida y lista.

Estaban a punto de volar a Hesperia para el evento principal y final del Desafío Élite Global: la competencia individual.

Algunos revisaban sus teléfonos, otros murmuraban sobre las reglas, y algunos más estaban tan nerviosos que revisaban su equipaje una y otra vez.

Sin embargo, las miradas de todos, de forma inconsciente, terminaban desviándose hacia el mismo lugar.

En los sillones del rincón, Kiara estaba recostada con los ojos cerrados.

Vestía camiseta blanca, pantalones de mezclilla y llevaba su bolsa de lona. Emanaba una vibra relajada y despreocupada.

Rosana estaba sentada a su lado, masticando una manzana con las piernas cruzadas.

Santiago ojeaba el manual del torneo, mientras Mariana Moreno y Jaime Ponce miraban sus teléfonos, muy juntos.

La tranquilidad de su grupo contrastaba brutalmente con los nervios de los demás participantes.

Se escucharon pasos en la entrada.

El profesor Cáceres entró acompañado de dos asistentes.

Llevaba el cabello perfectamente peinado, un traje a la medida y la corbata impecable.

Pero en su rostro se notaba la falta de confianza.

Echó un vistazo hacia el área de los sillones y le susurró a uno de sus asistentes:

—¿De verdad el profesor Morales no va a venir?

En torneos internacionales de tanto prestigio, que ponían en juego el orgullo académico de Solarenia, el plan original era que el profesor Morales, una eminencia de clase mundial, liderara la delegación para demostrar el poder y el nivel del país.

Pero en los últimos días, el profesor Morales parecía haber sido poseído.

Se había encerrado en su laboratorio sin salir para nada.

Estaba completamente absorto en el informe de datos neuronales que el equipo de Kiara había presentado.

Ese descubrimiento, capaz de cambiar la historia de la medicina moderna, había hecho que Morales y un grupo de veteranos académicos se olvidaran de comer y dormir, analizándolo y simulándolo como si hubieran hallado el Santo Grial.

Le era imposible despegarse.

Así que...

—No, no, no puedo ir, aún no termino aquí. Te llamé porque sé que eres un mar de dudas y quería ver cómo iban —respondió Morales agitando la mano con prisa.

—Pero, profesor Morales... ¿estará bien que yo vaya solo? —Cáceres estaba genuinamente ansioso—. ¡Vamos a Hesperia a enfrentarnos contra los mayores genios del mundo!

—Dejarme a cargo de todo esto me parece...

De repente, Morales acercó la cara a la cámara:

—¿Está... ejem, Kiara por ahí?

El profesor Cáceres giró el teléfono.

Del otro lado de la sala VIP, Kiara seguía recostada en el sillón, viéndose sumamente relajada.

Morales soltó una carcajada:

—¡Cáceres, relájate de una buena vez!

—¡Mientras tengamos a nuestra pequeñ... digo, a la estudiante Kiara Ibarra con nosotros, la victoria es un hecho!

Morales le hizo un gesto con los ojos para que se calmara:

—Mira, te digo una cosa. En teoría tú vas como líder, pero en la práctica, ¡para todo lo que necesites, hazle caso a Kiara y te aseguro que nada saldrá mal!

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