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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1205

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—¡Tú!

Jacinto abrió los ojos de par en par, mirando a Kiara con el rostro deformado por la rabia.

Los otros competidores extranjeros también se quedaron pasmados.

Seguramente no esperaban que los miembros del equipo de Solarenia dejaran de lado esa supuesta cortesía diplomática y no se aguantaran en silencio.

Y que en cambio...

¿Los humillaran de esta manera?

Kiara no le dio oportunidad de hablar:

—¿Genética atrasada? Vaya que la genética de Hesperia es avanzada. Tan avanzada que perdieron el nombre de su propio país y usan el de otros.

—Tan avanzados que se roban todo: dicen que nuestros héroes son suyos, que nuestros platillos tradicionales son suyos, que el Año Nuevo es suyo, ¡y hasta afirman que inventaron nuestra escritura!

Ella soltó una risita sarcástica.

—Con una genética tan avanzada, ¿cómo es que ni siquiera saben cuál es su verdadero apellido?

Jacinto se puso pálido, y le temblaban los labios.

Cuando Kiara empezó a hablar, los demás competidores sintieron como si hubieran encontrado a su pilar de fuerza, y todos escupieron con desprecio hacia Jacinto.

Rosana fue aún más directa y, con un hesperiano fluido, le contestó:

—Capitana, ¿de dónde salió este perro que no deja de ladrar?

—Hesperia debe estar tan en la quiebra que aún así se aferran a organizar eventos internacionales. No solo son unos tacaños sin dinero que no pueden pagar una recepción decente, sino que... ni siquiera tienen para la vacuna contra la rabia.

—Por eso andan como perros rabiosos mordiendo a todos lados.

—Ay, capitana, qué miedo tengo.

Rosana hablaba mientras se tocaba el pecho, fingiendo estar aterrada.

Los competidores de Solarenia, que llevaban rato aguantando la frustración, soltaron carcajadas.

—Así es, los soltaron sin la vacuna contra la rabia. Digno de Hesperia.

—¿Genética superior? ¡Más bien genética de perro rabioso!

—...

Esas burlas dejaron a Jacinto, que hasta hace un momento se pavoneaba de orgullo, con la cara verde del coraje.

Desde niño, siempre había sido el heredero de un gran consorcio al que todos alababan.

Especialmente porque le habían colgado el título de genio de la medicina.

Levantó la mano y señaló la carcacha.

—¡Solo pueden usar el transporte que el comité organizador les asignó, y tienen que hospedarse obligatoriamente en el lugar que la organización dictamine!

Llegado a este punto, Jacinto soltó una risa fría, con el rostro lleno de malicia y crueldad.

—Y de una vez se los digo, el lugar donde se va a hospedar el equipo de Solarenia... ¡es un sótano húmedo, oscuro y en lo más bajo del edificio!

Los rostros de los competidores de Solarenia cambiaron de golpe.

¿Un sótano?

Ya era bastante malo que los organizadores de Hesperia les hubieran mandado un trasto viejo.

¿Pero también pretendían meterlos en un sótano?

Esto ya era un ataque directo y descarado.

—¿Esta es la actitud de su país? —El profesor Cáceres frunció el ceño, con un tono gélido e imponente.

Jacinto abrió los brazos con actitud de sinvergüenza.

—Por supuesto que esta no es la actitud de Hesperia, sino la de mi familia, la familia Espinoza.

—Ah, olvidé mencionarles que mi familia es uno de los patrocinadores principales de esta competencia individual. Y, casualmente, somos nosotros quienes nos encargamos de recibir a las delegaciones y asignarles su alojamiento.

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