—¡Qué alivio, por fin las autoridades hicieron algo bien!
Los demás asintieron con entusiasmo, considerando que la respuesta oficial había sido bastante rápida.
Solo Kiara se quedó de pie, mirando a Esteban Ibarra con una media sonrisa, con los labios rojos curvados en un gesto divertido.
¿Hacer que el capitán de las fuerzas especiales más de élite de Solarenia fuera su oficial de seguridad?
Esos viejos zorros del gobierno jamás cometerían la estupidez de desperdiciar tanto talento.
Desvió la mirada y dijo con pereza:
—De acuerdo, voy a hablar con este oficial de seguridad. Ustedes regresen primero.
Los competidores no sospecharon nada y, uno a uno, subieron obedientemente a los vehículos proporcionados por el Hotel Gran SK.
Una vez que el equipo de Solarenia se marchó, Kiara caminó sin prisas hacia Esteban.
Esteban abrió de inmediato la puerta del copiloto de un vehículo todoterreno negro.
Kiara subió sin ningún tipo de cortesía.
Esteban rodeó el auto para sentarse al volante.
Apenas subió, escuchó a Kiara decir:
—Como capitán del Comando Draco, viniste a Hesperia a investigar a los bio-quimeras y al Laboratorio Ocaso Negro. ¿Cómo es que de repente te cambiaste de profesión a oficial de seguridad?
La mano de Esteban se detuvo sobre el volante.
La miró de reojo, su mirada oscureciéndose al instante:
—Capitana Kiara, mi misión es un secreto de Estado de máximo nivel.
Hizo una pausa y su mirada se volvió peligrosa:
—Solo eres una estudiante en una competencia. ¿Cómo sabes el objetivo de mi misión?
La luz dentro del auto era tenue. La chica estaba recostada en el asiento del copiloto con una actitud muy relajada, como si sus intentos de intimidación no le importaran en absoluto.
Levantó una ceja y sonrió de lado:
—Adivina, ¿quién le entregó a las autoridades toda esa evidencia sobre la isla privada de Ocaso Negro?
Esteban se estremeció por completo y sus pupilas se dilataron.

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