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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1301

Las puertas del ascensor volvieron a abrirse.

Un aire helado, impregnado de un fuerte olor a desinfectante de hospital, los golpeó de frente.

Ambos salieron del ascensor en silencio.

Joaquín sacó su teléfono y, con unos cuantos toques rápidos, vulneró múltiples capas de encriptación. Frente a ellos, una serie de pesadas puertas electrónicas comenzaron a abrirse una tras otra, permitiéndoles infiltrarse como sombras en aquel enorme complejo subterráneo.

La escena que se presentó ante sus ojos hizo que las expresiones de ambos se congelaran.

Esto no se parecía en nada al laboratorio clandestino que la familia Benítez había construido bajo aquella fábrica abandonada. Era un infierno completamente distinto.

Más allá del ascensor, se extendía un interminable pasillo blanco tenuemente iluminado. Y al final de ese corredor, se abría un área de experimentación tan masiva que apenas se le veía el final.

Lo primero que acaparó su atención fueron cientos, quizás miles, de inmensas cápsulas de incubación de un espeluznante color azul brillante.

Cada cápsula estaba llena de un líquido translúcido.

¡Y dentro de cada una flotaba una persona viva, pero inconsciente! Había hombres, mujeres, ancianos y jóvenes.

Gruesos tubos médicos estaban conectados a diferentes partes de sus cuerpos. Junto a cada cápsula, una pantalla digital mostraba un flujo constante de códigos y parámetros vitales.

—Están extrayendo su líquido cefalorraquídeo, midiendo la actividad de sus neuronas, estimando el aumento de su coeficiente intelectual y revisando la integridad de su memoria... —La mirada de Kiara era gélida, descifrando de inmediato el oscuro propósito de aquella maquinaria—. Estas personas no son simples sujetos de prueba. Los están usando como granjas de extracción.

Ese experimento en particular estaba diseñado para refinar sueros mutantes capaces de elevar la inteligencia humana de forma artificial.

Los ojos de Joaquín se oscurecieron por completo.

Ambos continuaron adentrándose en las instalaciones.

Tras atravesar varias puertas de aislamiento, llegaron frente a un inmenso laboratorio con paredes de cristal reforzado.

Al ver lo que había dentro, las pupilas de Kiara se contrajeron de golpe.

Esa zona era infinitamente más perturbadora que las cápsulas azules.

Dentro del recinto transparente, había decenas de frías camillas metálicas. Las personas recostadas en ellas estaban en estado de muerte cerebral, pero las máquinas mantenían a la fuerza sus signos vitales básicos.

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