El rostro de Pascual se paralizó, pero aun así trató de sostener su afabilidad, aunque la penumbra que habitaba en el fondo de sus ojos amenazaba con salir a la luz.
—Señorita Ibarra, lo que quise decir fue todo enfocado desde el bienestar social...
—Bienestar social —lo interrumpió Kiara, riendo levemente—. Al señor Osorio le gusta mucho esa frase.
—Se oculta tras el bienestar social para exigir los datos de los especialistas rescatados en Hesperia.
—Se oculta bajo el nombre de una fundación benéfica para ordenar que revele la estrategia de rescate.
—Se escuda en la prensa internacional para salpicar a Solarenia usando la misma lógica sucia de los remanentes de la Organización Ocaso Negro, y encima la usa en la propia fiesta de mi familia.
Hablaba con suavidad, pero cada palabra era brutal y helada.
—Señor Osorio, de verdad que usted domina muy bien el bienestar social.
Al pronunciar esas palabras.
Las pupilas de Pascual temblaron de manera casi imperceptible.
Sin embargo, no tardó en soltar una carcajada.
—Señorita Ibarra, sus acusaciones son gravísimas. Durante los últimos años, la Fundación Osorio ha financiado cientos de proyectos de investigación. ¿Por qué en su boca suenan a una siniestra conspiración?
—Lo único que busco es que los rescates médicos sean más transparentes y accesibles a todos.
Kiara soltó un largo Oh, asintió y respondió con una sonrisa.
—Entonces, ¿qué tal si primero nos revela la lista de proyectos en el extranjero que ha financiado la Fundación Osorio durante los últimos tres años?
El rostro de Pascual sufrió una leve transformación.
Kiara volvió a sonreír.
—Particularmente los organismos cuyo registro está en el Puerto Libre de Occidente, o los de la Región del Norte...
Con cada nombre que soltaba, Pascual palidecía un tono más, y los labios le temblaban a tal punto que no podía formar palabra alguna.

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