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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1488

Gonzalo negó con dificultad.

—No del todo. Si el procedimiento fuera cien por ciento efectivo, ya no serían considerados sujetos de transición.

—Pero ese cargamento es definitivamente un punto de inflexión. Quizá sea algún compuesto estabilizador, o el patrón de reconstrucción neuronal, o peor aún, una aberración derivada de las teorías inconclusas de la Ingeniera Vargas.

Al llegar a este punto, la agitación de Gonzalo se hizo evidente.

Su respiración se volvió errática, y las alarmas de sus signos vitales comenzaron a pitar.

Kiara le colocó dos dedos en la muñeca, aplicando presión en los puntos precisos.

Una vez que su ritmo cardíaco se estabilizó, le habló con calma.

—Tómese su tiempo.

Gonzalo la miró, con los ojos llenos de lágrimas.

—Kiki, esa gente ignoraba las verdaderas intenciones de la Ingeniera Vargas. Sus estudios en microchips neuronales y manipulación genética no eran para engendrar monstruos.

—Su único propósito era sanar.

—Deseaba devolverle la esperanza a aquellos condenados por traumas neurológicos, mutaciones genéticas o padecimientos cerebrales, dándoles la oportunidad de una vida digna.

—¡Y la Organización Ocaso Negro profanó ese conocimiento para convertirlo en un arma de destrucción!

—¡Buscan doblegar la voluntad humana con chips neuronales y usar la modificación genética para criar Bio-quimeras domesticadas!

—¡No son hombres de ciencia, son asesinos a sueldo que juegan a ser médicos!

Aquel último grito salió cargado de un rencor profundo, con las palabras casi arrastrándose por sus labios.

Kiara no lo interrumpió; mantuvo su mirada fija y respetuosa en el anciano que tenía enfrente.

Aquel hombre que había sido una eminencia científica, la mano derecha de su abuela durante el mega proyecto de bioingeniería en Solarenia.

Encerrado durante años en las mazmorras de la Organización Ocaso Negro, obligado a desentrañar el trabajo del pasado.

Con su familia aniquilada y su vida reducida a cenizas.

Y aun así, su peor tormento no era el suplicio físico que había soportado.

Sino ver cómo el legado salvador de su abuela había sido mancillado por Ocaso Negro para esparcir la muerte.

Kiara bajó la mirada, las sombras de sus largas pestañas dibujándose sobre sus mejillas.

—Don Gonzalo.

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