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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1489

Damián dejó escapar una risa sombría.

—¿Disfrutar del espectáculo? Qué maravilla.

—Veremos si sigue disfrutando cuando él sea el protagonista y yo lo deje desplumado.

Una sonrisa irónica, afilada como un cristal, curvó los labios de Kiara.

—Si ese es su deseo, vamos a darle la mejor función de su vida.

Al escuchar aquellas palabras, el rostro de Gonzalo se contorsionó de pánico.

—Kiki...

Ella lo miró con comprensión.

—Don Gonzalo, entiendo sus temores.

El anciano tenía los ojos inyectados de sangre.

—Su abuela sacrificó hasta el alma para proteger esa información. Si siguiera entre nosotros, el terror la consumiría al saber que planea adentrarse en ese matadero.

Kiara guardó silencio por un breve lapso de tiempo.

En su mente, la cálida y amorosa sonrisa de Doña Julia resplandeció.

Un prolongado silencio inundó el cuarto.

Hasta que Kiara susurró:

—Pero tampoco toleraría que la Organización Ocaso Negro siga convirtiendo su legado en un instrumento de tortura.

A Gonzalo se le hizo un nudo en la garganta.

—Tiene... tiene mucha razón. La Ingeniera Vargas no lo soportaría.

Kiara se puso de pie, y con una delicadeza inusual en ella, le acomodó las cobijas que se habían deslizado.

Ese gesto suave desentonaba con su habitual aura distante y glacial.

—No tiene nada de qué preocuparse, Don Gonzalo —dijo, mirándolo con absoluta serenidad—. Regresaré a salvo. Y le prometo que recuperaré intacto el trabajo de mi abuela.

El anciano rompió a llorar nuevamente mientras la observaba.

—Sé que mi deber sería suplicarle que no fuera... pero... es que ignoro qué horrores están a punto de liberar.

—Lo único que tengo claro es que la Organización Ocaso Negro no debe quedarse con los sujetos de transición.

—Si lo hacen... los cadáveres se amontonarán.

La voz de Gonzalo era un mar de temblores.

Su mente estaba atrapada en un fuego cruzado entre la lógica y el miedo.

Con los ojos enrojecidos, sollozó abiertamente.

Él era consciente de que Kiara compartía la misma alma de acero que Julia Vargas.

Había personas cuya naturaleza exigía que descendieran a las tinieblas.

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