Joaquín miró a Escorpión —a Violeta— riéndose sin control, y luego volteó hacia Kiara.
Kiara guardó silencio un segundo antes de hablar.
—Sí. Es mi amiga. Se llama Violeta. Justo venía a verme y, de paso, echó la mano.
Joaquín recorrió con la vista a los hombres de Veridia tirados por todo el piso. Luego vio a varios más debajo de aquella motocicleta costosa, claramente modificada.
Sus ojos oscuros se entrecerraron.
En cuanto se enteraron de que gente de Veridia había entrado al terreno de los Carrasco, el sistema de seguridad del lugar se activó por completo.
Y aun así, esa mujer había podido entrar en moto, como si nada, sin que nadie la detuviera… y meterse al estacionamiento en silencio.
Seguramente era igual que Kiki: peligrosa y fuera de lo común.
Ese tipo de gente era un riesgo.
A Joaquín nunca le gustó tratar con personas así, pero… era amiga de Kiki.
No iba a buscarse problemas con ella.
—Mucho gusto, señorita Suárez. Soy Joaquín Carrasco. Gracias por ayudarnos.
—Ay, guapo, no seas así de formal —dijo Violeta, sonriendo, y lo analizó sin parpadear—. Dime Violeta, así nomás. Me encanta ese nombre.
Se notaba que le gustaba su apodo en Solarenia.
—Señorita Violeta Suárez, ya que es amiga de Kiki, también es amiga de los Carrasco. Hoy es la fiesta de mayoría de edad de mi hermana. Si quiere… puede acompañar a Kiki. Mi gente se va a encargar de limpiar todo esto; lo demás también quedará resuelto.
Violeta asintió, feliz, y le echó el brazo a Kiara por los hombros para susurrarle:
—Amiga, tu hombre sí sabe quedar bien. Y sí está de primera… —tronó la lengua—. Si no fuera tuyo, de verdad sí me daban ganas de probar—
Ni alcanzó a terminar.

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