El nido de Legión Negra, al final, estaba en Veridia.
Y actuar en territorio ajeno para barrerlos por completo… siempre era un dolor de cabeza.
Un fastidio.
—Qué casualidad. —Joaquín sonrió de lado—. Mi gente justo terminó de coordinarse con el mando. Consiguieron el expediente de la redada de hace poco, toda la información detallada de Legión Negra y también… los registros de los interrogatorios a Jóker y a los demás miembros.
A Kiara le brillaron los ojos. y alzó la vista hacia él.
Eso hizo que la sonrisa de Joaquín se ensanchara.
—En esos archivos viene todo lo que ya se conoce: puntos de reunión, casas de seguridad, movimientos de dinero y demás.
Kiara se detuvo en seco; ya ni quería seguir bailando. Preguntó, apurada:
—¿Dónde están esos archivos?
Joaquín también se detuvo, pero mantuvo la mano en la cintura de la chica.
Con sus dedos largos le fue enganchando los de ella, uno por uno. En sus ojos se asomó ese aire de malicia, aunque el tono con el que habló sonó hasta medio agraviado:
—Kiki… ¿a poco yo no soy más interesante que unos archivos?
Kiara ni se molestó en seguirle el juego. Le agarró la mano y se lo jaló directo fuera de la pista.
—Ya, no te hagas. Vámonos.
Salieron de la pista y caminaron hacia la mansión principal.
Al pasar por la zona de comida,
Kiara vio a Escorpión con un plato en la mano, yendo y viniendo entre los postres.
Su charola era claramente más grande que las demás.
La traía atascada de pastelitos finos.
Escorpión se metía uno tras otro, sin tantita pena; tenía los cachetes inflados y los ojos —bonitos, eso sí— entrecerrados de puro gusto.
—Violeta Suárez.
Kiara habló:
—Voy a arreglar un asunto. ¿Vienes?
Escorpión apenas levantó la cabeza. Todavía traía un pedazo de pastel en la boca y contestó a medias:


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