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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 619

—Vámonos.

La voz de Joaquín sonaba fría y relajada.

—No dejes que la basura sin valor te ensucie la vista.

Las pupilas de Patricio se dilataron, mirando con incredulidad las manos entrelazadas de ambos.

Esa familiaridad.

Era como si le clavaran agujas en los ojos.

Su pecho hervía de celos e indignación.

Pero no se atrevió a emitir ni un solo sonido.

Se quedó allí tirado, sujetándose la muñeca rota, en una postura patética, viendo cómo los dos pasaban junto a él.

Justo cuando pasaban a su lado.

Joaquín detuvo el paso, lo miró desde arriba y curvó los labios en una sonrisa gélida.

—Ah, por cierto.

—Yo soy ese 'cualquiera' con el que decías que ella coqueteaba.

A Patricio se le cortó la respiración. Miró a la pareja con ojos llenos de terror, sorpresa y una pizca de amargura.

Joaquín... ¿qué quería decir con eso?

Él... él acababa de confirmar su relación con Kiara...

¿Le estaba marcando territorio?

¡No... imposible!

¿Quién era Joaquín Carrasco?

El mismísimo heredero de la familia Carrasco. Alguien que estaba en la cima absoluta de la pirámide social.

¿Cómo iba a fijarse en una simple chica de campo como Kiara?

¡Incluso si Kiara era Skye! ¡Incluso si era Queen!

¡Eso no borraba sus orígenes!

¿Cómo era posible que a Joaquín no le importara?

Con los ojos desorbitados, los vio alejarse hasta perderse en la oscuridad de la noche.

—¡Blegh!

La rabia y la frustración fueron tantas, que terminó vomitando sangre.

Kiara caminó tomada de la mano de Joaquín un buen trecho y trató de soltarse.

Pero no pudo.

Frunció el ceño.

—¿Por qué estás aquí?

El hombre le apretó un poco más la mano, acariciando casualmente su suave piel con el pulgar, y dijo con voz grave:

—Terminé mis asuntos en la empresa y pasé a recogerte.

Sonrió, y sus oscuros ojos brillaron bajo la luz de la luna.

Mientras tanto.

¡Vrum... Vrum!

Escorpión conducía su impresionante motocicleta en medio de la noche.

—¡Ya vi mi plato de comida, que despierte mi alma glotona! ¡De verdad quiero, quiero, quiero comer!

Entre el rugido del motor, Escorpión canturreaba su propia canción sobre comida, de un humor inmejorable.

La idea de recoger a Kiara y volar de regreso a casa de los Ibarra para cenar la tenía eufórica.

El vuelo de su vestido rojo al viento, combinado con la motocicleta del mismo color, la hacía parecer una llamarada de fuego.

Justo cuando atravesaba un callejón poco iluminado.

Un lujoso auto negro salió de una esquina sin previo aviso.

—¡Maldita sea!

Las pupilas de Escorpión se encogieron, pero su rostro salvaje no mostró pánico. Al contrario, esbozó una sonrisa llena de adrenalina.

¡Iiiiiiiiiiiiickkkk!

El agudo sonido de las llantas derrapando desgarró la noche.

Escorpión giró bruscamente el manubrio.

La moto se inclinó en un ángulo increíble, derrapando peligrosamente cerca de la pared.

¡Y pasó rozando la defensa del auto de forma espectacular!

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