Sostuvieron sus recipientes térmicos, tomaron una cucharada y, al probarla, sus ojos brillaron de asombro.
Este sabor...
¡Estaba delicioso!
No se sentía en lo absoluto la amargura de las hierbas, ¡de hecho, ni siquiera sabía a medicina!
Solo tenía un aroma rico y sabroso que acariciaba sus paladares y despertaba su apetito al instante.
No pudieron resistirse y tomaron varias cucharadas más antes de hablar emocionados.
—¡Qué rico! ¡Está buenísimo! ¡Kiki, tienes unas manos maravillosas para la cocina!
—Me alegra que les guste —sonrió Kiara—. La próxima vez les prepararé algo diferente.
Al ver el ambiente tan cálido y familiar entre Kiara y sus abuelos, uno que parecía inquebrantable, a Pamela se le enrojecieron los ojos y la furia empezó a consumirla por dentro.
¡Cada vez inventaba más trucos baratos!
¡Sabía que esta muerta de hambre usaría tácticas baratas para ganarse el favor de sus abuelos!
¡Quería arrebatarle todo lo que le pertenecía!
Los ojos de Pamela destellaron y esbozó una sonrisa fingida.
—La verdad es que mi hermana tiene habilidades médicas increíbles, hasta el doctor Valerio la admira tanto... Adri, si Kiara dijo que podía traer al director Whitmore, creo que realmente es posible.
—¡Por supuesto que no! —Como era de esperarse, la atención de Adriana fue captada al instante. Ya estaba rabiando por dentro al ver que Kiara se había robado todo el protagonismo.
Al escuchar a Pamela, su voz se tornó más chillona.
—Una figura como el director Whitmore no vendría ni aunque mi propio padre se lo pidiera. Pamela, ¿en serio crees que ella tiene el poder para hacerlo venir?
Le lanzó a Kiara una mirada despectiva y de repente soltó una carcajada.
—¡Si de verdad la prima Kiara tiene tanta influencia, le regalaré el auto deportivo que mi papá me compró por mi cumpleaños!
—Justo ahora le estaba diciendo que no debía usar sus remedios de campo aquí en Aquilinia ni jugar con la salud de mis abuelos, pero ella simplemente se niega a escuchar...
¡Exacto!
Era obvio que Kiara no lo había mandado llamar.
Seguramente se había enterado de que sus abuelos estuvieron a punto de beber esa extraña infusión hecha de cortezas y raíces.
Por eso había venido a reprenderlos en persona.
Después de todo, ¡el dinero que la familia Quintana donaba al sanatorio cada año era una cifra astronómica!
Sus abuelos eran pacientes de extrema importancia para el lugar.
Era completamente natural que el director Whitmore estuviera al tanto de su bienestar.
Pero el director Whitmore estaba ocupado buscando algo con la mirada. Al verse interceptado de repente, hizo un gesto de fastidio con la mano. Ni siquiera se molestó en mirar a Adriana, pasando de largo junto a las dos chicas...

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