A Adriana se le llenaron los ojos de lágrimas, consumida por la frustración y la rabia.
Pero no se atrevía a replicarle a los ancianos.
De inmediato se encogió en su lugar, suavizando su voz.
—Abuelo... no lo decía en mal plan, de verdad. Solo que admiro tanto a mi prima y quiero aprender de ella... Seguro... seguro me expresé mal, pero no era mi intención...
—¡Discúlpate con tu prima en este momento! —La expresión de Marcos no se relajó ni un poco.
Adriana se sentía profundamente ofendida.
Una y otra vez la obligaban a disculparse con una simple pueblerina, ¿acaso su dignidad no valía nada?
Buscó ayuda con la mirada, dirigiéndose hacia Pamela.
Pero Pamela mantenía la cabeza gacha, aparentando estar muerta de miedo por los gritos de Marcos y Silvia.
Era a ella a quien estaban regañando.
¿Por qué Pamela tenía que fingir que estaba tan asustada?
Adriana, llena de rencor, miró de reojo a Kiara.
La chica estaba ahí sentada, junto a Silvia, con su habitual aire perezoso e indiferente.
Jugaba con su celular en las manos, y en sus labios se dibujaba una sonrisa enigmática.
Al notar que la observaban, la chica levantó una ceja y la miró.
Su mirada era altiva, como si estuviera observando a un payaso en pleno acto.
Adriana sintió que el coraje se le acumulaba en la garganta.
Tomó un profundo respiro, reprimiendo el veneno en sus ojos. Juntó las manos y, con lágrimas asomándose en sus ojos, le suplicó a Kiara fingiendo vulnerabilidad.
—Prima Kiara, lo siento muchísimo. Soy alguien que dice lo que piensa sin filtro y hablé de más, por favor, no te enojes conmigo, ¿sí...?
—No te preocupes —respondió Kiara con calma—. Después de todo, aquellos con el alma podrida solo ven podredumbre en todo lo que miran.
Marcos asintió con la cabeza.
—Esos amigos de Adriana provienen de buenas familias, no le hará daño conocerlos.
Mientras más lo pensaba, a Silvia le parecía una excelente idea. Tomó la mano de Kiara y le dio unas palmaditas.
—Kiki, a tu edad te hará bien socializar más. Cuando el abuelo y yo estemos mejor, te organizaremos una gran fiesta de bienvenida. ¡Todo el mundo se enterará de que el mayor tesoro de los Quintana está de regreso!
Al escuchar fiesta de bienvenida, el rostro de Pamela perdió todo su color.
Ni siquiera pudo evitar tambalearse ligeramente.
¿Una fiesta de bienvenida?
¿Acaso no iban a anunciar la identidad de Kiara frente a todo el mundo?
Eso sería lo mismo que decirle a todos que ella... Pamela Ibarra, no era más que una farsa, una impostora ocupando el lugar de otra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste