Lo más importante era...
¡El dueño absoluto detrás de todas esas pistas de carreras era Rex!
¡Ese era el territorio de Rex!
—¡Imposible! ¡Tú... cómo podrías ser el señor Rex!
Augusto aún albergaba un rayo de esperanza en su interior, con los ojos clavados en el hombre que sostenía un cigarrillo entre los labios.
—Eres el cuarto joven de la familia Quintana, la familia Quintana solo hace negocios legítimos, ¡cómo es posible que estés involucrado... involucrado en el bajo mundo!
*Este hombre, ¡seguro está fingiendo ser el señor Rex!*
Pero, aunque intentaba convencerse a sí mismo, su voz temblaba de manera evidente.
Simón soltó una risa seca.
Sacó tranquilamente su teléfono del abrigo y marcó un número.
En cuestión de segundos.
El teléfono de Augusto comenzó a sonar.
Augusto tomó su celular y, con las manos temblorosas, miró la pantalla. Sus pupilas se dilataron al máximo.
Miró a Simón con terror absoluto.
El hombre, con el cigarrillo en la boca, esbozó una leve sonrisa:
—¿No vas a contestar?
Augusto tragó saliva ruidosamente. Con los ojos llenos de pánico y los dedos temblando, presionó el botón para responder.
Entonces, escuchó la voz profunda y magnética de Simón salir a través de la bocina.
—¿Desde cuándo mi territorio se convirtió en el tuyo?
—¿Te crees el dueño del lugar, eh?
Augusto había visto con sus propios ojos cómo Simón marcaba su número, lo había visto hablar y había escuchado con sus propios oídos... la voz de Simón saliendo de la llamada registrada como "Señor Rex"...
¡Ese hombre realmente era Rex!
¡Sin lugar a dudas era Rex!
Augusto no pudo sostener más el bate en sus manos. Sus piernas flaquearon y cayó de rodillas al suelo con un golpe sordo, con el rostro pálido como el papel.
¡Estaban acabadas!
¡Ya era demasiado tarde para todo!
Sabían que su tío Simón era alguien poderoso, con mucha influencia aquí en Aquilinia.
Pero nunca imaginaron que fuera *así* de poderoso.
Incluso alguien tan arrogante y sin ley como Augusto se moría de miedo solo de escuchar ese nombre.
Rex...
Pamela se mordió el labio inferior, con la mirada fija en su tío, quien estaba parado frente a Kiara en una postura de protección absoluta.
Esa actitud tan arrogante que Kiara había mostrado antes dejaba claro que ya conocía la verdadera identidad de su tío. Por eso se había portado tan altanera, porque sabía que tenía su respaldo.
Pero, Kiara y su tío... apenas se estaban conociendo por primera vez.
¿Por qué Kiara sabía algo que ella había ignorado durante todos esos años?
Es más, seguramente ni siquiera sus abuelos sabían que su tío estaba metido en ese tipo de negocios oscuros.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste