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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 795

Kiara y Joaquín bajaron el último escalón.

Con el flujo estelar brillando a su alrededor, Kiara lucía gloriosa e inalcanzable.

Levantó suavemente sus ojos claros y posó una mirada gélida sobre Pamela.

Sus labios rojos se curvaron en una sonrisa levísima.

La miró con total indiferencia.

Sin burlas, sin rastro de arrogancia por haberla destrozado.

Solo con la fría superioridad de quien mira a una hormiga.

Y eso fue más que suficiente para hacer pedazos el frágil ego de Pamela.

—Es... es demasiado hermoso... —murmuró una de las jóvenes.

Las otras invitadas no tardaron en sumarse al asombro.

—¡Eso sí es un cielo estrellado! ¡El verdadero tesoro de YB, el auténtico Lucero de la Galaxia!

—Es digna de ser la heredera de los Quintana. ¡Su aura y su belleza hacen la pareja perfecta con el vestido!

—¡Parece que el Lucero de la Galaxia fue hecho a su medida! ¡Es impresionante!

Isabella también se acercó rápidamente.

Con la admiración reflejada en sus ojos, abrió los brazos y abrazó suavemente a Kiara.

—Señorita Kiara, te ves hermosa hoy —la elogió de corazón.

Kiara sonrió con calma.

—Gracias.

La familia Quintana no tardó en rodearla con orgullo.

Pamela, mientras tanto, se quedó de pie en las sombras, escuchando los elogios hacia Kiara y los insultos hacia ella.

Viendo a Kiara rodeada de personas, brillando como una estrella.

Viendo cómo el vestido de Kiara destellaba con elegancia, como un verdadero río de estrellas.

Y luego, bajó la vista hacia su propio "Lucero", ahora completamente opacado.

Se mordió el labio con tanta fuerza que el sabor metálico de la sangre llenó su boca, pero ni siquiera lo sintió.

Apretó la tela de su falda, con unas inmensas ganas de salir huyendo de allí.

—Ay... con razón te veía tan rarita hace rato.

Quería escapar de ese lugar asfixiante que solo le causaba dolor.

Pero no podía irse.

Todo esto apenas comenzaba.

El gran acto que Lucía había preparado aún no entraba en escena.

¿Cómo iba a irse?

¡No podía!

Si se iba, todo su esfuerzo se habría ido a la basura.

¡Tantos días de tragar su orgullo frente a Kiara no habrían servido para nada!

¡Tenía que quedarse para ver cómo la reputación de Kiara caía en desgracia!

—Pamela.

Al ver a Pamela con los ojos llorosos, temblando como si estuviera a punto de desmayarse de tanto llorar, Doña Silvia frunció el ceño.

Aunque estaba profundamente decepcionada de esa nieta postiza, la había visto crecer y compartían más de una década de recuerdos.

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