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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 804

Se dio la vuelta de inmediato y caminó hacia el tocador, con pasos que delataban su impaciencia.

—Kiki...

Escorpión frunció el ceño y la llamó en voz baja.

Si ella ya se había dado cuenta de todo, Kiara, siendo tan inteligente, seguro también lo sabía.

Si de verdad encontraban eso en su bolso...

Kiara levantó la mirada y le dedicó una leve sonrisa.

¡Escorpión lo entendió de inmediato!

Si La Muerte Viviente estaba tan tranquila...

Era porque ya tenía un plan.

Solo tenía que seguirle la corriente y disfrutar del espectáculo.

Sin darle más vueltas, Escorpión caminó detrás de Kiara, la princesa Isabella y el resto de los invitados, que se amontonaban rumbo al tocador.

Al entrar, Pamela se apresuró a tomar el bolso de Escorpión y se lo entregó a la guardaespaldas:

—¡Este es el bolso de la señorita Violeta Suárez!

La mujer lo tomó con expresión impasible y, frente a todos, comenzó a abrir el cierre.

Pamela no le quitaba los ojos de encima a las manos de la guardaespaldas. Su emoción casi desbordaba.

El cierre bajó poco a poco.

—¡Un momento! —Escorpión recordó algo y su rostro cambió ligeramente.

Cuando se había cambiado el vestido, había metido su arma en el bolso por costumbre.

Si sacaban su pistola en medio de todos...

Aunque en Aquilinia las leyes sobre armas no eran tan estrictas como en Solarenia...

Que le encontraran un arma ahí...

Solo confirmaría las sospechas de todos sobre ella y los miembros de la Liga Espectro.

Pero...

Sus abuelos la miraban con el ceño fruncido y una mezcla de asco y confusión.

Su tío Luis tenía el rostro ensombrecido.

Y su tío Simón esbozaba una sonrisa cargada de sarcasmo, como si se estuviera burlando de su estupidez.

Fue en ese momento cuando Pamela notó que algo andaba mal.

Miró rápidamente hacia la princesa Isabella, a Escorpión, a Kiara y al resto de los invitados.

Escorpión tenía los brazos cruzados y una ceja alzada, mirándola con pura burla.

Kiara mantenía su habitual tranquilidad.

Isabella y los demás invitados la observaban como si estuviera loca.

El corazón de Pamela dio un vuelco aterrador.

Giró la cabeza de golpe y miró las cosas que ella misma había esparcido sobre la mesa del tocador...

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