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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 870

El rostro de Sabrina palideció de golpe.

Tres mil millones...

Su familia sí tenía esa cantidad.

Pero ella, por sí sola, no podía disponer de tanto dinero.

Y menos para gastarlo en unas cuantas hojas de papel. ¿Tres mil millones por eso?

Siendo honestos, ella era una completa ignorante en el tema.

Simplemente se había dejado llevar por el revuelo al escuchar el nombre de Milagros y seguía la corriente.

¿Gastar todo ese dineral en notas de alquimia y recetas médicas?

¿Para qué demonios le serviría algo así si la compraba?

¡No tenía ni idea de cómo usarlo!

Al ver a Sabrina con la palabra atorada en la garganta, incapaz de articular sonido, Kiara no pudo contener la risa.

—Parece que la señorita Benítez, en el fondo, también sabe que eso no vale tres mil millones, ¿verdad?

Levantó la mirada y, con una voz impregnada de cinismo y malicia, continuó:

—Así que, en realidad, los Benítez mandaron a tasar esto y sabían perfectamente que no tenía ningún valor práctico. Solo querían aprovecharse del prestigio de Milagros para ver si algún ingenuo caía en la trampa mientras todos seguían emocionados, ¿me equivoco?

Las miradas de los presentes hacia Sabrina cambiaron drásticamente.

Incluso el señor Torres la observó con el ceño profundamente fruncido.

—¡M... Mientes! —Sabrina se puso roja como un tomate, pero por más que intentó, no logró articular un solo argumento para defenderse.

Esto desató aún más los murmullos entre los invitados.

Varios magnates de la industria farmacéutica que dudaban si competir o no contra el señor Torres, bajaron discretamente sus paletas de subasta.

Incluso el señor Torres entrecerró los ojos.

—Esta jovencita tiene un buen punto. Ya que este manuscrito es tan preciado, no me atrevería a arrebatarles algo tan valioso a ustedes.

El señor Torres de verdad deseaba tener los escritos originales de Milagros.

Pero tres mil millones no era una cantidad que se pudiera tirar a la basura.

Y esa chica con la máscara de ángel le transmitía una sensación muy particular.

Esa actitud serena e inquebrantable que irradiaba lo hacía confiar en ella, casi por instinto.

—¡Tú...! —Sabrina estaba tan humillada que el rostro le ardía, y las lágrimas de la rabia amenazaban con salir.

La mirada de Sebastián se volvió oscura y gélida. Al ver a la buena para nada de su hermana, un destello siniestro y despiadado cruzó por sus ojos.

Al notar la mirada de su hermano...

Sabrina sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo, y el pánico más absoluto se reflejó en su rostro.

Sin pensarlo dos veces, trató desesperadamente de salvar la situación.

—Maldita sea, nosotros los Benítez trajimos este manuscrito para el bien de todos, ¡y tú te atreves a torcer nuestras intenciones! ¡Tú... tú definitivamente viniste a armar un alboroto! ¡Lárgate de aquí...!

—¡Suficiente!

Una voz grave, que reprimía a duras penas la furia, resonó en el lugar.

Guillermo Benítez, el patriarca de la familia, apareció caminando hacia ellos.

Su rostro estaba pálido de la ira y fulminó a Sabrina con una mirada aniquiladora.

Por dentro, ya estaba maldiciendo a su hija mil veces.

¿Por qué demonios tenía una hija tan estúpida?

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