Joaquín sonrió, pero decidió dejar de lado la conversación.
En vez de eso, agarró un par de bolsas del asiento trasero.
Contenían un café con leche y una rebanada de pastel.
—El profesor Morales me avisó que no habías comido nada allí en todo el día. —Joaquín preparó la bebida con su pajilla y se la entregó a la chica—. Toma algo para aguantar mientras tanto. La señora Ibarra dijo que para celebrar tu primer día de escuela, preparó una cena especial solo para ti.
Kiara la aceptó, se puso la pajilla en la boca y tomó dos enormes sorbos de su bebida.
El sabor a dulce cubrió sus papilas gustativas.
Luego, el hombre abrió el postre con cuidado y dejó el tenedor a su alcance.
Kiara en verdad tenía apetito.
Giró su rostro hacia él y, observando al hombre que derrochaba dulzura y cariño por cada uno de sus poros, una discreta sonrisa asomó en la comisura de sus labios.
No había duda de que este sujeto era sorprendentemente considerado.
Probó un par de pedazos del delicioso pastel y le dijo:
—Muy bien, ponte en marcha. Vámonos rápido a casa, no quiero que todos los demás se queden esperándonos.
Joaquín encendió el auto de inmediato.
—A sus órdenes, su Majestad.
El vehículo arrancó con velocidad y desapareció a la distancia.
Sabrina alcanzó a vislumbrar apenas la parte trasera del auto.
Llamaba tanto la atención que era imposible ignorarlo: se notaba que era un modelo deportivo de lujo de edición especial, seguro que rondaba en un valor de varios millones.
Además... esas matrículas exclusivas no se veían en Clarosol. Solo un grupo muy selecto las podía ostentar.
¿Quién podría ser el dueño de semejante coche?
Con el ceño fruncido, Sabrina se quedó mirando fijo en la dirección por la que el auto había desaparecido, entrecerrando los ojos.
Hasta que, de pronto, captó los rumores de los que pasaban a su lado.
—No me lo puedo creer, un chico así de lindo y ya está apartado.
—La joven que estaba con él tampoco se queda atrás, es realmente deslumbrante. ¿Estudia aquí? No logro reconocer su rostro de ningún lado.
—Llevaba el uniforme de nuestra Universidad Libre del Sur.
—De hecho, yo creo... que su belleza eclipsa por completo a la chica más popular del campus. Si tenemos a semejante preciosidad entre nosotros, ¿cómo es que Pamela es la que se lleva el título?
—¡Lo tengo, lo tengo! Me enteré de que acaba de matricularse hoy en nuestra Universidad Libre del Sur, por medio de un pase exclusivo del mismo director, según dicen.
—...
Sabrina retuvo sin problemas la última parte de la conversación.
¿Se matriculó hoy?
Sus bostezos se sucedían uno tras otro mientras las áridas y teóricas palabras del profesor, en lo alto del estrado, llenaban el aire de la habitación.
Siendo sinceros, todo se debía a su firme decisión de ingresar a la Universidad Libre del Sur.
A los miembros de la familia Ibarra se les inflaba el pecho de orgullo y se les iluminaba la cara todos los días, con una actitud que reflejaba lo agradecidos que estaban con ella por sus logros académicos.
Kiara: ...
Respiró profundamente.
Olvídalo.
Mientras sea suficiente para brindarle tranquilidad a su familia, y que no se desvelen angustiados por si estoy bien o mal.
Entonces iré a clases.
Como si fueran mis días de descanso.
Kiara descansaba el mentón sobre la palma de su mano.
Eventualmente, con ese mismo apoyo, sus párpados se volvieron pesados y su cabeza fue a parar sobre el escritorio.
El equipo de investigadores del profesor Morales no le dio tregua en el laboratorio anoche, y no fue sino hasta las cinco de la mañana que por fin cerró los ojos.
Todo hay que decirlo, las lecciones del profesor eran un soporífero infalible...
Las cabezadas de Kiara, sin duda, eran una conducta inaceptable y ofensiva para los estudiosos del grupo de élite, a quienes cada minuto de su tiempo les parecía una joya invaluable.

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