Ese torneo era la competencia académica internacional de mayor prestigio entre las universidades de élite de todo el mundo.
No solo ofrecía un premio económico exorbitante, sino también la medalla más respetada en el ámbito académico.
Incluso otorgaba a los ganadores la oportunidad de realizar prácticas en los laboratorios más avanzados del planeta.
Para este grupo de estudiantes superdotados, esa era la oportunidad de sus vidas.
El salto a la grandeza.
La clase de élite había sido creada exclusivamente con el propósito de prepararlos para este torneo.
Todos y cada uno de ellos eran los candidatos seleccionados por la universidad para enfrentar el desafío.
En cuanto se anunció la noticia, nadie en la clase tuvo tiempo de acordarse de Kiara. Todos estaban extasiados.
—¡Por fin! ¡Llevo meses esperando esta competencia!
—¡Esta vez, el premio será mío!
—¡La Universidad Libre del Sur siempre será la número uno!
—Pamela, eres nuestra apuesta más fuerte para ganar el campeonato, ¡tienes que darlo todo!
—...
Al escuchar el entusiasmo desbordante de los estudiantes, el profesor Cáceres sonrió satisfecho. Le hizo una seña a Santiago para que se acercara y repartiera los formularios de inscripción.
—Estos son los formularios para el Desafío Élite Global. La competencia se divide en dos fases: la primera es una ronda por equipos y la segunda es individual. Tienen libertad para formar sus grupos según sus fortalezas.
—Antes de armar sus equipos, piénsenlo muy bien. Esta es la competencia más importante del año para la universidad y todos deben tomárselo con la máxima seriedad.
—Los equipos deben estar conformados por grupos de tres a cinco integrantes. Solo los que logren avanzar en la fase grupal tendrán la oportunidad de competir en la ronda individual.
—El presidente de la clase repartirá las hojas. Llenen sus datos y entreguen las listas antes del viernes. No habrá prórrogas.
Santiago comenzó a entregar los formularios desde la primera fila.
Cada estudiante que recibía la hoja mostraba un rostro iluminado por la emoción, frotándose las manos con ansias.
De inmediato, el salón se llenó de acaloradas discusiones sobre cómo armar los equipos.
Pamela, siendo la gran favorita para llevarse la victoria, era la chica más codiciada. Todos querían estar en su equipo.
Un gran grupo de estudiantes la rodeó en segundos.
De repente, Sabrina Benítez agitó su propio formulario en el aire y miró a Kiara con una sonrisa cargada de burla.
Habló con un tono venenoso y sarcástico:
—¿Para qué le vas a dar un formulario? Entregárselo es un desperdicio de papel. ¿Acaso crees que tiene la capacidad intelectual para competir?
La mano de Santiago, que estaba a punto de dejar la hoja, se detuvo a medio camino.
Al ver su reacción, la sonrisa de Sabrina se volvió aún más despectiva:
—Llevar a una perdedora como ella solo nos dejaría en ridículo. No carguemos con un peso muerto que terminará arrastrando la calificación de toda la clase.
Al escucharla, los demás estudiantes asintieron de inmediato, dándole la razón.
—¡Exacto! Darle el formulario no sirve de nada, ¡es un desperdicio de recursos!
La mano de Santiago se quedó congelada en el aire. No sabía si dejar el papel en la mesa o guardárselo.
Apretó los labios. Recordó el borrador que había encontrado tirado, y la serie de complejas fórmulas matemáticas escritas en él.
Por primera vez en mucho tiempo, decidió no obedecer ciegamente las órdenes de Sabrina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste