—¡Cría cuervos y te sacarán los ojos! La familia Benítez ayuda a muertas de hambre como tú sin pedir nada a cambio, ¡y mira cómo nos pagas!
—¡Si lo hubiera sabido, te habría dejado pudrirte en tu miserable pueblo!
—¿Ayudarme?
Rosana soltó una risa amarga y desolada.
—Si ya no quieren patrocinarme, no lo hagan. De todas formas... el dinero de su patrocinio jamás ha llegado a mis manos.
Se mordió el labio, y su pecho subía y bajaba agitado por la intensidad de sus emociones.
—Además, el dinero de su familia me da asco.
—¡Ah... qué atrevimiento el tuyo! —Sabrina estaba roja de furia—. ¡Maldita malagradecida! ¡Tú y Santiago son exactamente iguales! ¡Jamás debimos sacarlos de su miseria, deberían haberse quedado hundidos en el lodo de su pueblo! ¡Si eres tan digna, no debiste aceptar el apoyo de los Benítez en primer lugar!
—¡Sabrina!
De pronto, Rosana sacó fuerzas de quién sabe dónde, elevó la voz y, con una mirada inyectada de furia, clavó sus ojos en Sabrina.
—¡Tú sabes perfectamente por qué la familia Benítez nos patrocina!
¿Quién habría imaginado que Rosana, la chica asustadiza que siempre hablaba como un susurro, le gritaría algo así a Sabrina en la cara?
Incluso Kiara levantó una ceja, observando a la pequeña con nuevo interés.
Y lo notó.
Al escuchar esas palabras, un destello evidente de pánico cruzó por los ojos de Sabrina.
—¡Qué... qué estupideces estás diciendo!
Aunque Sabrina intentó ocultar su nerviosismo, el temblor en su voz la delató.
Rosana simplemente la observó.
Había cosas que, una vez que salían a la luz, dejaban de dar tanto miedo.
Especialmente con Kiara parada junto a ella.
La única luz que había conocido en su vida estaba a su lado.
De repente, se sintió invencible.
—No responde en WhatsApp, su teléfono está apagado, es como si se la hubiera tragado la tierra.
—¡Solo quiero que me digas dónde está mi amiga Esperanza! ¡¿A dónde demonios la enviaron?!
Para cuando terminó de hablar, ya estaba llorando a mares.
El aula quedó en un silencio sepulcral.
Todos giraron instintivamente a mirar a Sabrina.
La acusación los había dejado paralizados.
El nombre de Esperanza, para ser honestos, era bastante conocido en una institución de tanto prestigio.
Esa chica en particular era extremadamente brillante, dedicada y siempre estaba en los primeros lugares.
Todos se acordaban de ella.
Y, en efecto, hace dos meses, se había dado de baja repentinamente bajo la excusa de irse al extranjero.

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