El hombre tenía una sonrisa encantadora, como una brisa de primavera.
Los estudiantes a su alrededor no pudieron evitar soltar chillidos de emoción.
Nadie esperaba que el heredero de los Benítez fuera tan guapo.
La curiosidad los carcomía.
¿Quién demonios era la novia de este magnate?
¿Qué afortunada había logrado conquistar a un heredero tan guapo y podrido en dinero?
En ese preciso momento, Pamela salía del edificio principal, presumiendo su nuevo bolso de diseñador.
Reía a carcajadas con su grupo de amigas.
Pero cuando su mirada se cruzó con aquel inconfundible Rolls-Royce, la sonrisa se le congeló en los labios.
Sus ojos viajaron hasta el hombre parado junto al ostentoso ramo de rosas.
Su rostro palideció en cuestión de segundos.
Se clavó las uñas en las palmas de las manos, presa del pánico.
¿Qué hacía Sebastián aquí?
¿Por qué había venido a la universidad sin avisar?
¿A qué... a qué demonios venía?
El cuerpo entero le empezó a temblar.
Había que recordar que, hasta el momento, ella seguía manteniendo su fachada como la intocable señorita Ibarra.
Sebastián había intentado cortejarla en el pasado.
Y ella lo había rechazado con las peores humillaciones posibles.
Incluso había gritado a los cuatro vientos que jamás se fijaría en un hombre tan mediocre como él.
Pero ahora...
Se había convertido en su mascota personal, su juguete cautivo.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste