—Y recuerda, tienes que venir sola.
La voz de Sebastián bajó de tono, cargada de una crueldad burlesca.
—Si veo a alguien de los Carrasco, o si me entero de que llamaste a la policía, le cortaré las manitas con las que hace sus experimentos y te las enviaré como regalo antes de tu competencia, ¿entendido?
—Por supuesto, solo tienes media hora. Soy un hombre con muy poca paciencia.
—Además, me intriga mucho el umbral de dolor de la joven Rosana... si llegas tarde, tal vez solo encuentres un montón de carne picada.
—¡Jajajajaja!
Su risa resonó arrogante, llena de una euforia desquiciada.
La llamada terminó.
Kiara guardó el celular y la comisura de sus labios rojos se curvó lentamente hacia arriba.
Esbozó una sonrisa cargada del más puro desprecio.
¿Amenazarla a ella?
Al último idiota que se atrevió a amenazarla ya le estaban creciendo flores en la tumba.
Levantó la mano y bajó la visera de su casco.
El motor rugió como una bestia.
Las llantas de la motocicleta chirriaron contra el asfalto, convirtiéndose en un relámpago rojo que salió disparado hacia adelante.
Ese imbécil de Sebastián...
Realmente había perdido el juicio.
Atreverse a llevar a Rosana a su propia guarida.
Ese lugar era la sede del laboratorio clandestino que Joaquín había investigado.
Sebastián estaba seguro de que ella no llamaría a la policía.
Seguro de que, para poder ir a la competencia, tendría que tragar su orgullo.
Seguro de que, incluso si descubría los sucios negocios de la familia Benítez, jamás saldría con vida de esa fábrica abandonada.
¿De verdad lo creía?
¿Ir sola?
Ir sola sería exactamente el comienzo de su peor pesadilla.
...
La fábrica química abandonada.
Jugaba entre sus dedos con una navaja de brillo helado.
Rosana miraba la hoja afilada con los ojos desorbitados por el pánico.
—No tengas miedo, no tengas miedo...
Sebastián jugueteaba con el arma, sus ojos oscuros y sádicos brillaban de locura.
—Solo quiero ver qué tanto le importa a tu capitana una bola de escoria como ustedes.
—Si puede salvar a uno, ¿podrá salvar al segundo?
—Mmm... pero su competencia está a punto de empezar. Si viene a salvarte, tendrá que renunciar al torneo.
—Dime, ¿crees que tu querida capitana te abandonará por el torneo, o abandonará el torneo por ti?
Rosana negaba frenéticamente con la cabeza. Tenía la boca amordazada con un trapo sucio, por lo que no podía emitir palabra alguna.
Prefería mil veces que Kiara no viniera.
Prefería que eligiera la competencia.
¡Ese heredero de los Benítez era un monstruo, un completo psicópata!
Si la capitana venía, se estaría metiendo directo en la boca del lobo.

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