Sabrina se tapó la boca exageradamente y soltó una carcajada.
Su risa fue tan ruidosa que los estudiantes de otros equipos giraron a mirarlos.
Sus seguidores se apresuraron a hacerle eco.
—¡Ya lo decía yo! ¿Cuál Equipo Esperanza? Más bien parecen el Equipo Desesperación.
—Esa tal Kiara se creía muy importante en la escuela, ¿y ahora resulta que es una cobarde?
—Jajaja, seguro se dio cuenta de que iba a hacer el ridículo y huyó con la cola entre las patas.
—Por supuesto, una ignorante de pueblo que entró a la universidad por pura palanca jamás podría tener talento real. Para fingir en la escuela está bien, pero en un evento con verdadera élite, seguro se asustó de que descubrieran su farsa.
Escuchar los halagos de sus secuaces hizo que la sonrisa burlona de Sabrina se ensanchara.
—Es que hay personas que nacen siendo escoria, simplemente no merecen estar aquí.
—Esa es la diferencia entre la élite y las hormigas.
Las manos de Santiago, apoyadas en sus rodillas, se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
Levantó la cabeza de golpe, con los ojos enrojecidos y fulminó a Sabrina con la mirada.
—¿Acaso no sabes perfectamente por qué nuestra capitana y Rosana no están aquí?
—Sabrina, ¿no tienes corazón? ¡¿Cómo te atreves a venir a burlarte de ellas después de lo que hiciste?!
Las venas de su frente palpitaban, y todo su cuerpo temblaba de furia.
—Sabrina, no te creas que la familia Benítez es dueña del mundo. Te lo advierto... ¡Si algo les pasa, daré mi propia vida para que ustedes paguen!
Santiago tenía los ojos inyectados en sangre y su voz sonaba ronca, cargada de un odio visceral.
Él exigía respuestas, lanzaba acusaciones.
Su voz retumbó en el lugar.
Atrapó la atención de muchos, quienes comenzaron a mirar a Sabrina con sospecha.
¿Acaso...
Faltaban miembros en el Equipo Esperanza por culpa de Sabrina?
—Incluso si esas dos terminan muertas en alguna zanja, solo son basura, ¿a quién le importaría?
—En lugar de preocuparte por ellas, deberías preocuparte por ustedes mismos. Habrá que ver si siquiera logran pasar la primera ronda.
—¡Tú...!
Esa actitud soberbia y asquerosa hizo que la sangre de Santiago hirviera.
Apretó los puños, haciendo crujir sus nudillos.
—¡Santiago!
Mariana lo tomó del brazo de inmediato y tiró de él hacia atrás.
—¡No seas impulsivo!
—¡Estamos en plena competencia, hay cámaras y árbitros por todas partes!
Susurró rápidamente.
—Si te peleas te descalificarán al instante. ¡Vinieron a provocarte a propósito para obligarnos a abandonar!

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