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Inseminada por mi enemigo romance Capítulo 4

Nunca me gustaron las agujas ni la sangre en sí, pero era lo que tenía que hacer como madre subrogada, ahora que mi vientre no me pertenecía. Intentaba no pensar en ello mientras caminaba al trabajo, con un algodón presionando la piel de mi brazo recién agujereado. Aunque a veces se me hacía imposible, pero trataba de convencerme a mí misma de que era lo mejor, ya que sin ese dinero, mi padre habría sido echado del hospital y él necesitaba cuidados las veinticuatro horas del día. Ese era el único hospital que trataba a los ilegales. O al menos, el único que conocíamos. Además, tenía miedo de que revelarán nuestro estatus migratorio y termináramos siendo deportados a nuestro país donde la pobreza y la delincuencia era el pan de cada día. Inclusive, este estilo de vida que llevaba ahora era un lujo si lo comparamos a sobrevivir en aquel país.

Había decidido tomar el camino arriesgado y seguir asistiendo al trabajo, con la esperanza de que mi encuentro con Connor fuese el ultimo. Tal vez... Me consideraría lo suficientemente insignificante para no dedicarme su energía.

“Yo no reconozco esta ruptura. Puedes huir, puedes esconderte, puedes intentar odiarme. Pero esto no ha acabado. Un día, tendrás que volver a mirarme. Y para cuando ese día llegue, me aseguraré de atarte permanentemente a mí".

Esas palabras me atormentaban, pero decidí creer que era una vil mentira. Después de todo, ya consiguió su objetivo, que era deshacerse de mí. No tenía ningún motivo para atarme a su lado.

Y aún así, me sentía ansiosa y temerosa, pero necesitaba mantener este cochino trabajo.

Al llegar al trabajo, me cambié rápidamente, pensando que esta misma tarde tendría los resultados del examen de sangre. Me enteraría de una vez por todas si estaba embarazada del hombre desconocido o no.

Me puse a surtir el carrito de limpieza, el cual tenía una pequeña abolladura en una esquina, gracias a mi riesgosa hazaña en el elevador. Pude haberme quedado sin dientes por esa acción. Actué de forma muy irracional por estar encerrada con él.

Connor…

¿Quién diría que el chico del que estaba perdidamente enamorada en mi juventud, se convertiría en el hombre de mis pesadillas?

Tal vez… Se había dado cuenta que yo no valía lo suficiente para perder el tiempo haciendo mi vida más miserable de lo que ya era. Por eso fingió no conocerme.

Presioné el envase de desinfectante con fuerza, imaginándome que era su cabeza.

—Deja de soñar y empieza a trabajar —dijo una voz a mis espaldas, sobresaltándome.

Casi se me salió el corazón del pecho al voltear y encontrarme de cara con el gerente del hotel.

—Estaba acomodando el carrito, jefe —Me mordí la lengua, ya que era lo único que podía hacer en esta situación.

Traté de ignorarlo, siguiendo con mis labores, pero como siempre, no se callaba. Necesitaba menospreciarme solo para sentirse superior. Jamás entenderé como una persona puede odiar a otra que no le ha hecho nada.

—¿Acomodando el carrito? Fingiendo que trabajas será. Debería descontarte la hora, ya que no estás haciendo nada productivo —dijo con su tono tajante.

Seguí rellenando los productos de limpieza, respirando profundo, pensando en cualquier cosa menos en la insoportable voz detrás de mí. Hasta que lo sentí, un golpe fuerte en una de mis nalgas.

Agrandé los ojos al procesar lo que acababa de pasar.

«¡Me tocó!»

Era la primera vez que me tocaba y en una zona tan privada. Su acoso siempre ha sido verbal, jamás físico.

Me sentí avergonzada por algo que no era mi culpa y al mismo tiempo… una sensación caliente recorrió mis venas y era incapaz de controlarlo, hasta que mi vista se empañó de rojo.

No fui consciente de lo que hacía hasta que impacté la botella de desinfectante contra su cabeza calva. El sonido del plástico fue seco y el hombre se encogió, cubriéndose la cabeza.

La rabia seguía brotando de mi piel y mi visión aún estaba algo borrosa, pero rápidamente me di cuenta de mi error.

Él se merecía ese golpe y unos diez más por lo que hizo, por tocarme de esa forma indebida, pero yo no debí hacerlo, no podía defenderme, mucho menos agredirlo. Yo no era nadie en este país y corría el riesgo de ser deportada si se le ocurría denunciarme a migración.

Capítulo 4: Toque indebido 1

Capítulo 4: Toque indebido 2

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