Punto de vista de Avery
Había aceptado acostarme con mi compañero, Ryan, por primera vez esta noche, en nuestro primer día de apareamiento. Cuando abrí de golpe la puerta de su habitación, lo vi luciendo tan sexy y desnudo como imaginaba. Pero con otra loba encima de él.
Mi media hermana menor, Zara.
—¿Qué demonios? —me quedé helada en el umbral.
Zara estaba a horcajadas sobre Ryan, de frente a mí. Cuando me vio, sonrió con malicia y gimió, inclinando la cabeza para morder el cuello de Ryan.
—¡Oh, sí! ¡Justo así! —dijo, respirando en su oído. Ryan gruñó y la levantó para rodar y quedar encima de ella.
Se me revolvió el estómago. Sentí que iba a vomitar.
Entonces Ryan notó mi presencia y se paralizó.
—Avery —susurró.
La culpa inundó su rostro, pero sus manos no soltaron las caderas de Zara. La habitación quedó en silencio por un momento.
—Zara y yo acabamos de descubrir que somos compañeros destinados —las palabras de Ryan golpearon mi corazón.
Compañero destinado.
En los días de apareamiento, los hombres lobo mayores de 19 años pueden oler y reconocer a sus compañeras destinadas. La atracción entre ellos es irresistible; pueden provocarse el celo mutuamente con solo olerse a la distancia. Una vez que se encuentran, se aparean y se marcan, formando un vínculo inquebrantable de atracción entrelazada que dura toda la vida.
La única forma de resistirse a un compañero destinado era marcar al elegido antes de conocerlo. Eso era lo que Ryan y yo queríamos hacer esta noche en nuestro primer día de apareamiento.
Yo sabía que nunca tendría un compañero destinado porque mi loba parecía estar inactiva. Cuando todos empezaron a transformarse y a comunicarse con sus lobos, yo no obtuve nada. Sin embargo, podía sentir a mi loba allí, en el fondo de mi mente. Nadie me creía, así que se convirtió en un chiste entre quienes me molestaban, especialmente, el grupito de mi hermana, Zara.
—Fenómeno sin loba.
—Patética humana mentirosa.
Me decían esas palabras a la cara, creyendo que yo era demasiado débil para defenderme sin una loba interior. Y aun así, yo estaba con Ryan, el heredero Alfa. Él hacía lo posible por protegerme; ambos creíamos que estábamos destinados a estar juntos. Así que esta noche planeábamos aparearnos y marcarnos para que él pudiera protegerme para siempre.
Él había sido la única luz en mi vida.
Pero ahora Zara lo había tomado.
¿Cómo podía la Diosa de la Luna tratarme así?
—¿Eliges a Zara? ¿Sabiendo que ha sido mi acosadora por tanto tiempo? —un sollozo se atoró en mi garganta, pero me negué a dejarlo salir.
Odiaba que mi voz temblara mientras lo miraba a los ojos. Los ojos del lobo que creía era el amor de mi vida. El macho al que iba a entregarme esta noche. Incluso llevaba lencería secreta bajo mi abrigo para la ocasión especial.
Ahora Ryan parecía querer disculparse. Un destello de arrepentimiento cruzó su apuesto rostro. Zara enroscó un brazo alrededor de su cuello y lo atrajo hacia ella, sonriéndome desde la cama.
Ryan apretó la mandíbula.
—Los compañeros destinados se hacen más fuertes entre sí, Avery.
—¿Entonces yo no fui nada para ti? —el sollozo finalmente escapó.
—Ave... —el rostro de Ryan se suavizó y comenzó a levantarse, alejándose de Zara, extendiendo una mano hacia mí.
Zara estiró la mano y entrelazó sus dedos con los de él, deteniendo su gesto. Sus ojos brillaban bajo sus pestañas oscuras.
—Ryan, el día de apareamiento es el mejor momento para tener al heredero Alfa más fuerte con su compañera destinada... —arqueó su cuerpo desnudo contra él.
Ryan tragó saliva, inclinándose de nuevo para olfatear el cuello de Zara.


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