—Es triste cuando uno de nuestros mejores Alfas sucumbe a la debilidad —Reynaud fingió una actitud trágica, frunciendo el ceño mientras miraba a Gideon a través del salón—. Y desearía poder decir que no vi venir esto, pero, por desgracia, las señales han sido demasiado claras.
Entonces Reynaud giró para dirigirse a la multitud, que había comenzado a murmurar y a señalar.
—¿Cómo sabemos cuándo una manada está en crisis? —preguntó Reynaud—. Cuando hay caos y disensión en los niveles más altos. Cuando las alianzas de las manadas ya no se honran y cuando se enemista a adversarios poderosos.
Señaló con un dedo acusador al Alfa que estaba detrás de mí.
—Gideon de Lobo Nocturno ha dado todas las muestras de este tipo de deterioro. Él y sus lobas —Reynaud escupió la palabra como si fuera un pedazo de suciedad repugnante—, ¡fueron responsables de la salaz exhibición que tantos de nosotros nos vimos obligados a presenciar en el Baile de Alfas! Se necesita un Alfa verdaderamente fuerte para complacer los apetitos de dos hembras —Reynaud sonrió con suficiencia ante esto y movió los dedos de forma lasciva—, y fue obvio que Gideon de Lobo Nocturno se quedó corto.
Escuché algunas risas ahogadas entre la audiencia, pero Reynaud no había terminado.


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